Día de la Constitución: ¿qué hay que celebrar? El 6 de diciembre de 1978, los españoles aprobaban por amplia mayoría con un 88% de votos a favor la Constitución Española. Los denominados Padres de la Constitución fueron 7 diputados de las Cortes Constituyentes: 3 de la UCD (Unión de Centro Democrático), uno del PSOE, uno de AP (Alianza Popular, antecedente del PP), uno del Partido Socialista Unificado de Cataluña y uno del Pacte Democratic per Catalunya. Las Cortes y el Senado lo aprobraron entre octubre y noviembre de ese mismo año, siendo sancionada por el rey el 27 de diciembre.
Treinta y cuatro años después, tengo la convicción de que hay poco que celebrar y mucho que reformar. A día de hoy, el 66% de la población española o no había nacido o no pudo votar la Constitución de 1978. No es esto lo más preocupante. Desde hace ya tiempo se venía reclamando una revisión del texto constitucional, acorde con los nuevos retos y circunstancias del siglo XXI. No parecía procedente hacerlo según los distintos gobiernos que hemos sufrido en los últimos tiempos, pues parecía que ello pudiera abrir la caja de Pandora y los españoles fueran aquejados por todos los males del mundo mundial. Pues bien, en septiembre de 2011, PSOE Y PP aprobaban en el Congreso la reforma del artículo 135 que suponía rubricar el déficit cero para las Comunidades Autónomas ante las presiones del neoliberalismo económico y las amenazas sobre el sistema financiero español. Sin contar con la opinión del pueblo. Este hecho, en mi opinión, supone un antes y un después.
Es momento de hacer una revisión en profundidad del texto, donde se ponga encima de la mesa el modelo territorial y se cuestione la necesidad o no, por ejemplo, de la existencia de las diputaciones, el modelo bicameral (Congreso y Senado) donde se cuestione el número y distribución de sus representantes, el modelo del sistema electoral donde se traten las circunscripciones electorales, el sistema cerrado de listas electorales, las exigencias respecto a las iniciativas legislativas populares como forma de canalización democrática de la participación ciudadana, …. Es decir, muchas de las cuestiones que están hoy en día en la calle. Y por último y más importante: una Constitución que garantice en la práctica, no sólo en el papel, el derecho a una vivienda digna, a una educación y una sanidad de calidad, a un empleo.
Este es el reto, que en el futuro tengamos una Constitución que celebrar.
