El pasado 14 de marzo 2012, se celebró en todo el mundo el International Day of Action for Rivers and Against Dams en su quincena edición.
Esta celebración pretende llamar la atención sobre los ríos en todo el mundo, sobre su estado de conservación y las amenazas que sobre ellos pesan, así como poner de manifiesto los logros conseguidos por las personas y colectivos que luchan por su protección.
Conferencias, limpiezas de río, exposiciones fotográficas, documentales, artículos en prensa, manifestaciones o paseos en barca o piragua. Es una forma de recordar a las autoridades políticas e hidráulicas que existen otras formas de hacer las cosas mucho más sensatas, más baratas, más sostenibles.
En países como Brasil, Méjico o Guatemala estos activistas y las comunidades indígenas que a menudo sufren las consecuencias de estas obras hidráulicas pagan un alto precio: la pérdida de sus hogares, sus tierras o sus vidas.
En España, estas asociaciones y colectivos están representados por COAGRET, la Coordinadora de Afectados por Grandes Embalses y Trasvases. También en nuestro país hubo un tiempo en que la gente tuvo que dejar sus casas y fueron expulsados de sus pueblos a punta de pistola. Hoy, en pleno siglo XXI, todavía se sigue amenazando la supervivencia de los indígenas aragoneses, las gentes de Artieda amenazadas por el recrecimiento de Yesa o las de Biscarrués. No todo vale en aras al progreso. Las afecciones de estos pantanos sobre el territorio suponen el empobrecimiento y la despoblación. Y existen alternativas. Como se ha demostrado en el caso de la Cuenca del Matarraña.
Esto es lo que los activistas aragoneses le recordaron a la administración el domingo 18 de marzo a las puertas de la Confederación Hidrográfica del Ebro: menos comisiones y más soluciones. Para que casos como el Pantano de Lechago (6.000 millones de las antiguas pesetas) que ahora ya terminado no lo quieren los regantes o Mularroya, cuyo proyecto sigue adelante pese a tener en contra una sentencia judicial de la Audiencia Nacional.
