Opiniones

Inés Ramón

Por dignidad En los últimos días se ha visto a muchísima gente manifestar su más rotunda indignación y repulsa ante hechos de público conocimiento que evidencian la corrupción de un gobierno intentando vanamente ofrecer una imagen de honradez e integridad. Los ciudadanos, hartos de tanto atropello, salen a la calle a reivindicar, sobre todas las cosas, su dignidad.

“No me temblará la mano”, afirma el señor Rajoy en un ridículo alarde de honorabilidad que ya nadie cree. ¿Será la mano que ha estrechado tantas veces la de Luis Bárcenas? ¿La que acaso habrá recibido dudosos sobres? ¿La que ha firmado, consintiendo, sobresueldos a tanto maleante disfrazado de político?

Por dignidad, reclamamos. Porque hace falta mucho cinismo para exigir sacrificios a quienes menos tienen y hacer la vista gorda ante tan aberrante malversación. Cinismo, y ahí sí que no le tiembla la mano, para recortar y recortar en lo más necesario, como en sanidad; en lo más imprescindible, como en educación; en lo más esencial, como en los derechos laborales; en lo más significativo, como en cultura e investigación; en lo básico y esencial, como en todo lo que ha favorecido a los mayores y personas dependientes.

¿Qué entenderá por dignidad esta clase de “gente pública”? ¿La que ellos ostentan, arrogantes, desdeñosas aves de exterminio, inexorables depredadores vestidos de Armani, viajeros incansables en business, acérrimos visitantes de Suiza? ¿Cómo abrazarán  a sus hijos pequeños, o a sus nietos, si los tienen?; ¿cómo se mirarán al espejo?, ¿qué verán en sus ojos?; ¿harán el amor alguna vez?; ¿qué soñarán cuando duermen?; ¿que verán a la vuelta de tanta codicia?

Y nosotros, aunque nos hayan quitado tantas cosas y nos sigan despellejando sin que les tiemble el pulso ni la conciencia, no renunciaremos a lo que nos enaltece como seres humanos: nuestra dignidad. 

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