Opiniones

Inés Ramón. Ola de frío

Nos ha dejado fabulosas estampas de hielo en lugares, como la Estanca, que asociamos muy frecuentemente al verano, cuando anhelamos el fresco a la sombra de los árboles, y nos extasiamos con el rumor mínimo  del agua.  Hemos soportado una ola de frío polar capaz de congelar las ideas al más pintado, y de anular la valentía de los amantes del aire libre. Hemos visto congelada la orilla del río, los juncos con una pequeña falda helada, los patos del Azud milagrosamente vivos; hemos comprobado en alguna arriesgada incursión a la gélida ribera del Guadalope qué sólida puede resultar el agua, qué hiriente el viento, qué frágiles somos.
Pero parece que ya el invierno va dándonos una tregua, nos animamos con el sol, algo más contundente, y con la esperanza de que con los días llegará el buen tiempo.
Pero hay otra ola de frío que se ha instalado en nuestra ya aterida sociedad, a la que debemos afrontar cada vez más desnudos, más desprotegidos, más desesperanzados.
Que la reforma laboral creará empleo, nos dicen, y sentimos que nos van quitando lo puesto, y que nos dejarán a la intemperie; que la crisis arremete, y para sobrevivir se hace necesario renunciar no sólo a los derechos adquiridos, sino hasta a la dignidad; que el país necesita nuestro abnegado esfuerzo, dicen, mientras la clase política se pone a buen resguardo los bolsillos, no sea que no puedan pensar luego cómo implementar las medidas que otros dictaminan. Que no nos quejemos, que aún comemos y (algunos) trabajamos, nos dicen; y vemos que la cifra del paro es ya de vértigo, mientras que la corrupción de otros que nadan en la abundancia y gozan de todas los privilegios de los que el pueblo llano carece, se dan a la manía de arramblar con el dinero del que tenga la mala fortuna de cruzársele, aunque sean niños oncológicos.
Frío. La ola de frío nos envuelve. Y nos quedamos helados, en la doble acepción de la palabra: inmóviles, paralizados, sobrecogidos, desalentados, sin capacidad de reacción.
Tiritando e imaginando que agosto está a la vuelta de la esquina, sólo por intentar sobrevivir.

Compartir

Otros artículos de opinión

Image