
Generación X, Boomerang o Generación Perdida son algunos de los términos con los que sociólogos de todo el mundo han denominado a las personas nacidas alrededor de los años 70.
Siendo uno de los protagonistas de la susodicha generación, no puedo estar más en desacuerdo con estos términos y siento de verdad que los españoles, que hemos nacidos en los años 70, hemos vivido de todo y lo hemos tenido todo y por tanto, dadas unas condiciones locales determinadas, somos sin duda, la generación más completa que ha dado este país.
Hoy me ha dado por escribir de esto, lejos de las grandes obras, fósiles y piedras, ya que muchos de aquella generación cumplimos durante este 2012, esos temidos 40 años. Se trata de un momento importante para cualquier persona que siente el vértigo de encaminarse hacia el ecuador de la vida y también, el peso de cambiar de década. Se supone que a esta edad se ha alcanzado un equilibrio social y laboral. Iniciada esta etapa, se efectúa un análisis sobre la vida, sobre logros y temas pendientes y comienzan los lamentos por no haber realizado todo lo que se había planteado para el futuro. Para poder mitigar el efecto de esta pequeña crisis emocional se suelen montar fiestas de cumpleaños por todo lo alto, te juntas con los de tu quinta en una gran celebración recordando tiempos de la escuela y por supuesto intentas realizar todos aquellos deseos que no has sido capaz de llevar a cabo en 40 años, como no queriéndote desprender aún de la juventud: que si puenting, que si snowboard, estudiaré idiomas, una casa rural de finde todos los colegas o a la Oktoberfest de Munich.
Permítanme que en tres episodios recuerde todas las vivencias de una persona que va a llegar a los 40 años con ilusión, sin crisis, con muchas ganas de seguir queriendo saber lo que me va a deparar el día a día, aprendiendo de todo de los errores y aciertos, disfrutando al máximo de los buenos momentos y fortaleciéndome con las desgracias e intentando ser siempre positivo llevando una sonrisa en la cara como aliada, aunque a veces sea harto complicado.
Nacimos en la etapa final de un régimen, afortunadamente nos acordamos de muy poco, y no deja de resultar extraño ver como nuestros abuelos, la mayoría por desgracia y a la fuerza partícipes activos de la guerra civil en uno y otro bando, se sentaran juntos a comer a la mesa o a jugar un guiñote, pasando pagina de aquella tragedia, mientras que otros que no la vivieron ni de lejos, aún hoy en día, se encarguen de seguir echando leña al fuego, para reavivar intencionadamente un odio, que espero no tenga ninguna consecuencia futura.
En 1975 las Cortes coronaron a Juan Carlos I como nuevo Rey de España y un año más tarde, Adolfo Suarez se erige como primer presidente democrático. Ellos van a ser los protagonistas indiscutibles de la transición hasta el 78 cuando se aprueba la constitución, sí esa que sigue en vigor hoy en día y cada cual interpreta como le viene en gana, incluidas comunidades autónomas, jueces y magistrados.
Yo mientras, en las nacionales, pasaba del edificio de la radio (ahora hay un solar, detrás del antiguo Sonata y la tabacalera) donde estudié parvulitos, al que se conoce ahora como Palmireno para empezar la EGB en la avenida José Antonio (hoy de Aragón).
Los principales recuerdos que guardo de aquella etapa es que en el edificio de la radio estábamos distribuidos en mesas de 5 o 6 niños, y en función del comportamiento y las notas te sentaban en una mesa de un color u otro. Creo recordar que las mejores eran la roja y la azul y llevábamos bata de rayas blancas y azules verticales, las niñas verde claro. Es curioso, pero con cinco años tengo un grato recuerdo de compañeros, que compartimos nuestros primeros juegos y meriendas y no he vuelto a saber de ellos. Teníamos estufas de esas que se les echaba leña dentro y salía un tubo largo hacía el techo en medio de la clase, las pinturas alpino eran nuestras mejores aliadas y nos encantaba pedir permiso a la señorita para ir a sacarles punta a la papelera. Todo lo que pintábamos en clase, lo pegaban nuestras madres de recuerdo en la cocina, creo que la mía aún los debe guardar por alguna caja enterrada en el trastero. SEGUIRÁ…
