Opiniones

Jaime Gracia. 1972, sin duda una de las mejores cosechas (Segunda Parte)

Quién no ha aprendido a escribir en aquellos cuadernillos verdes de Rubio aquello de “mi mama me mima” sin salirte de las dos líneas. Nuestros primeros trabajos manuales con las pastillas de plastilina Jove, aquellas figuritas que formábamos con bolitas de papel de diferentes colores, las acuarelas, las cartulinas y el tubito de pegamento Imedio, si contáramos en el tiempo, las horas que hemos perdido rascando este producto seco de los dedos.
Si te portabas mal, te castigaban (el profesor al alumno, que tal como están las cosas, hay que puntualizar), te ponían contra la pared, te quedabas a última hora con la profesora, digamos que eran castigos light. Pero ayyy, al pasar a la EGB, empezaron a caer tortas, que cuando llegaba la hora de levantarse para ir a clase, a todos nos dolía la tripa, sobre todo al saber de antemano, que por orden de lista o de silla, te iba a tocar escribir un dictado en la pizarra. Uff!  La verdad que entre las bofetadas de la profesora, las de tu madre (cuando no eran escobazos) siempre merecidas (por si lo leen) y los trompazos que nos dábamos nosotros solos, es normal que hayamos salido una generación tan despejada. Si te hacías un rascazo o un golpe pequeño se te pasaba con eso de “cura sana, cura sana si no te cura hoy, se te curara mañana” Si ya el rascazo entrañaba algo de sangre, te daban mercromina roja. Si era un chichón, te ponían una moneda de 50 pesetas atada con un pañuelo y si la cosa iba a mayores te cosían unos puntos que no se caían solos, había que ir a la semana.
En el recreo se nos olvidaba todo, lo importante era divertirse. En el patio del Palmireno jugábamos a las 4 esquinas, a la cadena, al burro, a la comba con aquellas maravillosas canciones de: “al pasar la barca”, “el cocherito leré”, o “debajo de un puente”, con sus singulares movimientos de cuerda. Los chicos como éramos más brutotes, nos metíamos haber cuanto aguantábamos saltando o cuantos cabíamos botando a la vez. Y el “sobre”, aquel que uno tiraba la pelota al aire y gritaba sobre tal, y si la cogías antes de que cayera al suelo podías volver a gritar otro nombre, ¡qué tiempos!
Al salir a las 5, volvíamos a jugar, nuestras madres nos llevaban al “parque”, no había otro, merendábamos “pan de viena” con Nocilla,  chorizo pamplonica o Tulipán ¿Os acordáis del helicóptero? La justicia y la ley, la impartía un señor con bigote y gorra, a través de su silbato,  “Don Pedro Catálan”. Nos enseñó las primeras normas de circulación, los cochecitos no iban a batería, sino con un sistema de pedales con  barras y cuando abandonamos el triciclo, aquí aprendimos a montar en bicicleta (nos quitaba una rueda pequeña y luego la otra). Fue un momentazo, ese de verte en equilibrio y con los pedales sin marcha atrás, sólo equiparable al de flotar sin manguitos. Los columpios eran de hierro, con esquinas. Te tirabas por el tobogán, cuando aún había un niño abajo y otro venía detrás y si eran niñas mejor, ¿ya ligábamos con 6 años? Recuerdo especialmente uno, que tenía forma de rueda de carro y te sentabas con un montón de niños, si pasaba por allí un “mayor”, te pegaba un viaje que ya te podías agarrar bien, que al menor despiste salías disparado. Parábamos, presionado bien las zapatillas contra la arena, de hecho había un surco en la zona de frenada. Llenábamos nuestros primero globos de agua en las dos fuentes debajo del puente. Jugábamos al “pañuelo”, al “un, dos, tres, escondite inglés”, al “tú la llevas”, al “martin pirulero”, al “marro” y al “tejo”  con aquellos dibujos trazados con yeso, en forma de planta de iglesia románica. La “gometa”, que se empezaba en los tobillos y terminabas haciendo el pino, con canciones como la del ”chicle cle” o por supuesto los juegos de “palmas” con el “o te oteo ti ti ti” o el “horóscopo”.
El “pito-pito gorgorito” era nuestra forma democrática de votar a un candidato, parecido a lo de ahora, vamos, y si decías “casa” o y “tú más” o “por mi y todos mis compañeros” te quedabas más ancho que largo.
Papa Noél no conocía España, y los regalos nos los traían los Reyes Magos de Oriente. A ellos y sus camellos les preparábamos  un tentempié al lado del balcón, para agradecerles la visita y que cogieran fuerzas para proseguir su largo viaje. El “Exin-Castillos”, los “Famobil”, el “Tente”, “La Señorita Pepis”, el “CineExin”, “Los Juegos Reunidos” o los vehículos de Rico, con aquellos mandos que la distancia la marcaba el corto recorrido del cable, eran los regalos más populares de la época. Pero sin duda, el regalo estrella y que hoy en día sigue vigente, era el  “Scalextric”. Este juego permitió unir a padres e hijos, compartiendo grandes momentos, claro, tenían 30 años y disfrutaban tanto o más que nosotros. Íbamos de casa en casa montando circuitos, y cuando juntábamos varios y lo hacíamos de cuatro pistas era la bomba, lo que pasa que siempre fallaba algún carril.
Creo que a este paso voy a necesitar más de tres y cuatro partes para resumir la historia de nuestra generación. Cuanto más escribo, más vivencias, imágenes, canciones, recuerdo, cosas que creía las tenía totalmente reseteadas. Estoy disfrutando muchísimo y os animo a que despertéis conmigo esta nostalgia. SEGUIRA… 

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