
1972, sin duda una de las mejores cosechas (décimo tercera parte)
1972, sin duda una de las mejores cosechas (décimo tercera parte)
En los primeros años de los 80, la asignatura de religión era obligatoria; aunque había exámenes y algo teníamos que estudiar, estaba claro que era la maría. Luego a partir de sexto ya se podía elegir entre religión y ética, muchos alumnos se decantaron por esta nueva asignatura porque si cabe aún era más maría y la cuestión era estudiar lo menos posible. No estábamos preparados para razonar si Dios existía o no, ya que nos acababan de dar unos de los mayores disgustos de nuestra vida “Los Reyes magos no eran lo que creíamos”.
Bromas aparte, la religión fue muy importante en esta etapa de nuestra vida, nos tocaba cumplir con el sacramento de la eucaristía y para ello teníamos que asistir a las clases de catequesis. Me acuerdo como si fuera ayer, después del cole, a las cinco subíamos a la iglesia Santa María la Mayor y allí en grupos de unos siete niños, nos distribuíamos por los bancos con nuestra catequista, nos parecían supermayores, ya ves, eran de tercero de BUP. Además de patinar sobre el terrazo del templo con chinchetas que clavábamos en las suelas de las zapatillas, aprendimos de memoria el “Padre Nuestro”, con el perdónanos nuestras deudas, nada de ofensas; el “Ave María”, el “Gloria”, ”Los Sacramentos”, “Los Mandamientos”, “La Señal de la Cruz”, el “Yo Confieso” con los tres golpecitos y ya más difícil y costoso se nos hico “El Salve” y sobre todo “El Credo. Y las canciones con la guitarra: “Santo, santo…”, “Alabare, alabare...” o “Tomado de la mano…” Bueno, no intentéis recordar todas las oraciones y canciones que vamos al infierno de cabeza, ja, ja.
Y en Mayo llegó el gran momento, que caricas, hasta el más malo, parecía bueno, con las manos juntitas y a tomar el Cuerpo. El sacerdote con el que comulgamos fue el párroco Don José Alegre, casi nada, ahora es el Abad de Poblet y a pesar de ser de Huesca, ahora le llaman Josep, ¡estos del condado...! Lo mejor, o no, los regalos: enciclopedias, caja de compases, estuches de dos pisos, globos terráqueos, parecía que todo iba encaminado a la escuela, hasta que llegaba el Tío chulo y te regalaba tu primera cámara de fotos, aún la guardo, la primera Polaroid, si esa, que sacaba la foto al instante y tenías que meterla en el bolso durante 30 segundos para revelarla.
Ocho añitos, si ha llovido. Sólo teníamos una cosa en mente que era jugar y disfrutar de la vida, como cambia todo con el tiempo. Cuando salíamos a la una, no íbamos a comer no, apurábamos casi hasta las dos, jugando en la terraza de un buen amigo a fútbol, con una pelota que si la viera un crio ahora, seguramente la tiraría a la basura, pero para nosotros era la mejor, de plástico duro, roja, pequeña, lo tenía todo. Yo solía ponerme de portero y de postes tenía sendas paredes de piedra, con lo cual las estiradas terminaban como terminaban. Yo sinceramente no lo entiendo, a veces con chuzos de punta, con un frío que no tenía nada que ver con el de ahora, con una pelota más dura que el acero, en una terraza de menos de 40 m2, bueno y eso que las paredes no eran tan negativas, porque donde no había pared se colaba la pelota y tenías que descender trepando hasta un campo lleno de zarzas; a pesar de todo, sólo deseábamos que llegara ese momento para degustarlo. No lo entiendo, pero no cambiaría esos tiempos por nada.
Aunque el fútbol era el juego por excelencia, era muy típico sobre todo después de las navidades ir a probar los nuevos juguetes a las casas de los amigos. Recuerdo que en mi caso, venían al piso de la Avenida a jugar a un pequeño futbolín de madera, en otra casa íbamos a jugar, atención, al primer videojuego, consistente en dos mandos con una ruleta y tú con esa ruleta movías arriba y abajo una rayita que parecía en la tele para darle a un puntito que se movía que era la pelota, la banda sonora del juego era tin, tan; con esto jugabas al fútbol, tenis y frontón; lo más divertido era sintonizar el canal, se pueden imaginar. En otra casa, jugábamos al Monopoly, en otra al Lepanto, Tragabolas, Autocross, en otra a los Juegos Reunidos, al Tente y en todas, como no al Scalextric, que como siempre fallaba alguna pista y el técnico de turno con un cuchillo juntaba los rieles entre pistas para hacer contacto, pero no contaba con que luego la guía de los coches tenía que pasar. Vivimos el cambio de los coches con motores viejos (sin carcasa) a los SRS, que vistos ahora eran como la tarta de Cerezo; pronto llegaría el TCR, que aunque permitía adelantamientos no terminaría de cuajar. Supongo que nuestras madres rezarían para que no tocara en su casa la carrera: zapatillas llenas de tierra, preparación de bocatas de chorizo pamplonica para todos, migas y aceite de los bocadillos, intermediación en las peleas y sólo puedo pegar a mi hijo, recoger todo el descampado, etc… pero en el fondo serían felices de ver a su hijo feliz ¿o qué? SEGUIRÀ…
