Opiniones

José Alberto Pellicer

La libertad individual

Estos días se celebra un aniversario, el octavo creo, del primer matrimonio homosexual en España. Vi en una entrevista a la pareja que hablaban de que se habían podido casar después de treinta años de noviazgo.

Los humanos somos muy dados a legislar. Entre el senado, el congreso y las comunidades autónomas hay más de un millar de personas que se dedican a confeccionar leyes. En muchas ocasiones decimos que sobran. Y aunque no lo decimos en muchas ocasiones deberíamos decir que sobran ellos porque faltamos nosotros.

Todos tenemos nuestras propias leyes y nos gusta legislar sobre qué deben hacer o no hacer los demás. ¿A qué persona en el mundo le puede molestar que dos hombres o dos mujeres se quieran y quieran casarse? No puede haber ninguna persona molesta, pero no puedo imaginar por qué motivo; las hay.

En la liberal Francia cientos de miles de personas salen a la calle protestando porque dos seres se quieren casar, sean del sexo que sean. Y lo sorprendente, no se quieren casar con ninguno de los manifestantes. Pues a pesar de ello a intentar impedirlo ¿por qué? No puedo llegar a comprenderlo.

El estado legisla sobre la muerte de cada uno. “Está penado el suicidio”. El colmo sería que estuviera penado con la pena de muerte. Ridículo.

Uno puede estar inválido en una cama, deseando morirse, suplicando morirse. Pero el estado con sus leguleyos dice que no, que estás condenado a vivir. ¿Por qué? No puedo llegar a entenderlo.

A nadie puedo molestarle, ni nadie puede molestarme con sus preferencias sexuales ni con su deseo de morir.

Si la muerte está producida por fuego enemigo, entonces sí. Eso es legal, porque está legislado y además tiene medalla.

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