Opiniones

José Alberto Pellicer

En defensa de los funcionarios

Hay quien se alegra de los recortes a los funcionarios. Porque generalmente la primera imagen que tenemos del funcionario es la del vago, la del que no nos atiende como es debido, la del que toma cafés interminables en sus horas de trabajo.

Y ese tipo de gente, gentuza, es la que más daño hace a los funcionario. Nadie me tiene que contar, porque lo he visto, a funcionario tomarse tres horas, sí tres horas, para el almuerzo, a médicos que comienzan su consulta más de una hora más tarde simplemente porque llegan tarde, a profesores que no dan palo al agua y les importan los alumnos lo mismo que una berenjena agusanada, a otros funcionarios haciendo la compra en horas de trabajo,… La lista es larga, pero siendo larga es fácil comprobar que casi siempre son los mismos. Son un pequeño grupo que denigra al resto de funcionarios.

También contribuyen a esa imagen los funcionarios que aprobaron una plaza de conserje, son representantes sindicales y los vemos paseando el perro a las doce de la mañana.

La realidad es que  la mayoría atiende correctamente al personal, al paciente, al necesitado, al alumno, al ciudadano.

Se debe flexibilizar la posibilidad de expulsar del cuerpo al funcionario vago. El trabajador no debe tener ningún temor y contribuiría a que todos tuviésemos una mejor opinión y a que los recortes que están sufriendo no fuera motivo de alegría para algunos.

En cualquier caso los funcionarios no tienen la culpa de la crisis. ¿Por qué tienen que aportar un 7% de su salario ellos y los demás no? Esta es una crisis en la que hay un único culpable, la clase política, y muchos paganos, los demás.

Y cuando hablo de clase política hablo de todos aquellos que están viviendo de la política sin renunciar al exceso de sueldo que cobran con respecto a la media de ciudadanos. A los que no renuncian a sus privilegios por mucha boca que tengan para pedir justicia. La justicia comienza por practicarla uno mismo.

Los trabajadores de la administración deberían ser los que señalaran al vago, pero lamentablemente serían acciones individuales, porque los sindicatos, una vez más los sindicatos, protegen al vago.

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