Opiniones

José Alberto Pellicer. No quiero esta naturaleza

Hace unos días escuché unas palabras de José Luis Sampedro en las que decía que hemos sido educados en los dogmas, no en la libertad. Podría tener una explicación en el régimen anterior, digo yo, pero sigue perdurando en éste quizás con más intensidad.

En la escuela nos inculcan que la naturaleza es buena, y pobre de aquél que se le ocurra decir lo contrario. Que es bonito un atardecer, bien. Los amaneceres son peores porque hay que madrugar.

La gran diferencia entre la destrucción en Haití y la de Japón estriba en que los japoneses han sabido luchar contra la naturaleza con mejores armas para conseguir dominarla. Aún así, la naturaleza es tan cruel que destruye, mata.

La naturaleza acabó ella solita con los dinosaurios y mil especies más antes de que el hombre hiciera de las suyas. Porque no estoy diciendo que el hombre sea bueno. También tenemos lo nuestro.

La naturaleza tiene sus bellezas, forjadas a lo largo de millones de años y de la obligación de sentirse deleitado con lo que contemplamos desde que nacemos.

La naturaleza no nos da ni calefacción, ni calzado, ni vestidos, ni gafas, ni medicamentos,… Lo que tenemos lo hemos logrado venciendo o dominando a la naturaleza. Si fuera por la naturaleza el noventa por ciento de nosotros estaría muerto.

Mi batalla contra los dogmáticos está perdida. Lo sé. Pero insisto; como otra naturaleza no es posible me rebelo contra ésta, contra sus terremotos, sus tsunamis, sus rayos, sus volcanes, sus riadas, sus heladas, su frío, su desierto, su calor, sus muertos y contra los que no supieron prever lo que podía pasar con una central nuclear atacada por la naturaleza.

 

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