Opiniones

José Antonio Calvo

Más se perdió en Cuba

Si las naciones hiciesen una lista de sus héroes olvidados, posiblemente la misma llegaría a la Luna, aunque sospecho que la lista española podría llegar y volver.

En la madrugada de tal día como hoy, hace 114 años, librábamos una guerra contra los Estados Unidos y en la, por muy poco tiempo ya, Cuba Española, nuestros viejos acorazados con cubiertas de madera, como indefensos gazapos que huyen por la boca de la madriguera frente las fauces del lobo, salían uno a uno por la bocana del puerto de Santiago de Cuba, donde les esperaban los poderosos acorazados yankees con casco de acero de 460 mm. y cubiertas de hierro que, simplemente jugando al tiro de pichón, hundirían uno tras otro. ¿Terrible metida de pata del almirante Cervera? ¿Abandono por parte del Gobierno español y la Corona? ¿Traiciones interesadas de la casta política? ¿Fechorías de una prensa irresponsable? ¿Mezcla explosiva de todo ello?

Sombras del pasado de las naciones que, por desgracia, en la nuestra se repiten demasiado a menudo. Triste final de un Imperio decadente.

De entre todo y de entre todos los que perdimos en Cuba, como miembro destacado de nuestros “Olvidados de España” quiero rescatar para los lectores de Bajo Aragón Digital al Capitán de Navío Don Fernando de Villaamil.

Fernandito había tenido que soportar en su niñez al cabeza hueca de su padre y contemplar la ruina de todo su patrimonio familiar, cuya historia en su Asturias natal se remontaba a un milenio. Quizás por eso, nada más cumplir los 15 salió zumbando del hogar paterno y se enroló en la Armada como Guardiamarina, alcanzando rápidamente el grado de Oficial. Enamorado de la ingeniería náutica, y obsesionado con el problema que agobiaba a todas las escuadras del mundo y que era la dificultad de enfrentarse  a los “barcos torpederos”, se puso a desarrollar el diseño de un “contratorpedero”, un buque ágil y muy rápido, fuertemente armado con cañones de tiro rápido y muy marinero. Tras años de planos y diseños, en 1887, Villaamil vio su sueño hacerse realidad y su peculiar navío fue fabricado y botado en unos astilleros escoceses. Lo bautizó como “El Destructor” y capitaneado por él mismo, lo entregó a la Armada Española. El buque y Villaamil adquirieron en pocos días fama internacional y sus diseños fueron copiados por todas las flotas de guerra. Desde entonces estos buques de caza contra-torpederos se vienen llamando “destructores” en todo el mundo, en recuerdo al diseño original de Don Fernando.

En la, para España, penoso verano del 98, nuestro brillante Oficial podía haberse quedado en casa tranquilamente disfrutando de su fama. Pero valiente y comprometido, no dudó en unirse a la flota de Cervera que zarpaba a defender Cuba y se embarcó, mandando su flotilla de tres “destructores”, el Terror, el Furor y el Plutón. Una vez en Santiago de Cuba, Villaamil fue partidario desde el principio de atacar a los Norteamericanos antes de que éstos se organizasen. Tras fuertes discusiones con Cervera, un almirante que debido al precario estado de su flota y al peor de su municionamiento había decidido refugiar la Escuadra en el puerto de Santiago de Cuba y aguantar, acabó por acatar las órdenes y sus tres buques fueron tres ratones más en la ratonera. A las 8 de la mañana del 3 de julio, el Almirante gritó ¡zafarrancho de combate! ordenando al acorazado Maria Teresa, su buque insignia, salir por la bocana del puerto y enfrentarse al acorazado Brooklyn. El fuego de los cañones yankees se concentró sobre el buque español que, ardiendo como una tea, embarrancó en la costa. Villamil salió como una fiera a defenderlo y tras dos horas de cañoneo incesante él mismo y su buque Furor saltaban por los aires y desaparecían entre olas de agua y sangre.

El cuerpo del inventor de los “destructores” y el de 53 de sus marineros, fueron al fondo del mar. Su memoria, al olvido. Al menos, hasta hoy, aniversario en que los recordamos y por quienes en vez de guardar mi bandera, voy a dejarla unos días más en mi balcón, que no solo para el fútbol la tengo.

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