Opiniones

José Antonio Calvo

La matanza de Newtown Adam Lanza dejó toda su parafernalia de combate perfectamente ordenada, quizás oculta bajo su cama, preparada para el día siguiente. En su brillante aunque enferma mente, ordenó sus macabras intenciones para cuando despertase y, sin más se durmió plácidamente. La mañana del viernes 14 de diciembre,  cuando sonó su despertador, se levantó y se vistió con su uniforme táctico negro y su chaleco antibalas, cargó las armas que su madre, legalmente, tenía en casa: una pistola Glock austriaca, una Sig Sauer germano-suiza y un fusil de asalto Bushmaster y salió de su cuarto. Cuando su madre vio salir de su cuarto a semejante “rambo”, le sonrió y le preguntó ¿a donde vas vestido así, cariño? y Adam, simplemente, le descerrajó un tiro en la cara y sin siquiera volverse atrás, salió de la casa, montó en el coche de la familia y condujo los 8 kilómetros que le separaban de la que había sido su escuela, la Sandy Hook de Newtown (Connecticut). Hasta aquí, es lo que imagino. Desde aquí, nos cuentan los testigos que sobre las 9 y media de la mañana llegó al colegio, se bajó del coche empuñando su fusil y disparó a los tres empleados con los que había discutido el día anterior. Después, dentro de los pasillos del colegio, siguió la carnicería, disparó a la directora y a la psicóloga y entró en algunas aulas. En total, descerrajó más de cien tiros. El balance final, 12 chiquillas, 8 chicos y seis adultos muertos.

Después, se suicidó. A las pocas horas, en todos los telediarios del mundo, mientras se daba la terrible noticia, se hablaba de la Segunda Enmienda. Les cuento:
En la Guerra Colonial de los Estados Unidos, la intención de la Corona Británica de desarmar las milicias de los “Patriotas” anticoloniales, provocó la promulgación de leyes en las Colonias rebeldes que garantizaran el que las armas no fuesen requisadas por los ingleses. Además, se creía que un pueblo armado disuadiría a los Británicos de iniciar una nueva invasión, y también evitaría que los nuevos gobernantes coloniales emprendieran aventuras totalitarias, amén de garantizar, en la Conquista de Oeste, el derecho natural del pueblo a la defensa propia frente a los indios hostiles, bandoleros y cuatreros. Así, la Carta de Derechos, dice << El derecho del Pueblo a tener y portar armas no será vulnerado >>. Ésta enmienda fue aprobada en 1791. El día de la masacre, casualmente, era la víspera de su 221 cumpleaños.

Desde entonces, la imagen del vaquero Lucky Luke campando libremente por las calles de los pueblos del Far West con sus revólveres al cinto, ha quedado impresa en la memoria colectiva del pueblo americano y cada Estado, ha regulado la tenencia libre de armas a su manera, más o menos permisivamente. El de Connecticut es de los más permisivos. Se podrá estar a favor o en contra, pero no deja de sorprender ver los expositores de pistolas y fusiles que hay en los grandes supermercados americanos al lado mismo de los destornilladores y las llaves inglesas, y a una oronda señora echándose un pistolón al carro de la compra y poniéndolo en la cinta de la caja entre las bolsas de manzanas y los cereales para el desayuno. Mucha gente podría entender el tener una pistola en casa para autodefensa, pero cuesta comprender que una familia corriente puede albergar en casa varios fusiles de asalto, incluso una ametralladora.

El debate de las armas se abre de nuevo, y lamentablemente quizás ensombrezca otro que, en mi opinión, está íntimamente asociado a éste y que también supone un negocio de miles de millones, y ese no solo afecta a los yanquis, lo tenemos en casa. Me refiero a los videojuegos violentos. Ayer, justo después de que el informativo diera las últimas novedades de la matanza, la publicidad nos ofrecía el anuncio de los “más esperados” por nuestros jóvenes. De nuevo, Black Ops (guerra), Twisted Metal (velocidad y destrucción) y Armed Assault (guerra). Y eso que éstos son los “suaves”. Otras “maravillas”, como las sagas “Postal” y “Saw”, vienen llenas de sangre, arrancamientos de miembros y cabezas y evisceraciones de peña a tutiplén. “Soldado de Fortuna” llegó a tal límite que fue prohibido en Inglaterra y Alemania. La saga “Mahunt” incluye ejecuciones por asfixia con bolsas en la cabeza, con un realismo que hace apartar la vista de la pantalla. En la red puedes jugar gratuitamente a “Cargado de ira”, a “ Matar Monjas” y a“ Matar abuelas”. No pocas veces he visto a papá y mamá regalar éstas edificantes joyas para Navidad a sus hijos. No pocas, he visto a críos en sus casas desternillarse ante el ordenador mientras acribillaban a tiros a un soldado, gritando “muere cabrón”, mientras la madre decía simplemente, Juanito, no digas tacos que está el doctor. ¿Pero de qué vamos? ¿De qué nos extrañamos luego?

Parece ser que el ordenador de Adam Lanza estaba lleno de éstos videojuegos. Quién sabe si su propia madre se los regaló, aún sabiendo que el joven padecía una forma de autismo, incluso, también lo he visto en algunas familias, jugó con él unas sangrientas partiditas en red, justo la noche antes de que su hijo le reventara la cara a tiros.
 << Y la mala semilla cayó en mala tierra y germinó una planta venenosa. El que tenga oídos, que oiga.>>  Con perdón de San Lucas

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