Opiniones

José Luis Pueyo

Lo solucionaremos con tanques
Allá por los 80 era un fan del baloncesto. Recuerdo por ejemplo cuando apareció en escena aquel genial yugoslavo, Drazen Petrovic, que fue la pesadilla del Real Madrid durante años, pero verle jugar era una gozada. Hubo otros muchos grandes jugadores yugoslavos, como Dalipagic o Radovanovic, que jugaron con Petrovic la semifinal de Los Ángeles 84 contra España. Recuerdo muy nítidamente aquella madrugada en la que nuestros Corbalán, Martín, etc. conseguían la hazaña de derrotar a los yugoslavos, la mejor selección de Europa (con permiso de la URSS). Fue realmente emocionante.

Petrovic era Croata, Dalipagic era Bosnio, Radovanovic era Serbio. Los yugoslavos se sentían orgullosos de su selección, siempre vibraban enfervorizados, y no era para menos. Ganar a Yugoslavia entraba dentro de la épica. Pero en el 2003, la selección yugoslava dejó de existir. Ya nunca más se podría derrotar a la mítica Yugoslavia en un partido de baloncesto. Los que antes eran amigos y peleaban juntos por lograr la gloria de su país, siguieron peleando pero esta vez entre ellos. Pero no con una pelota, si no a sangre y fuego.
¿Quién me hubiera dicho a mí mientras miraba la televisión allá en el 84, que unos pocos años después esos tremendos jugadores iban a estar matándose entre ellos?

Los diez años de brutales enfrentamientos en la extinta Yugoslavia dejaron más de 200.000 muertos. Yugoslavia no era un país perdido en algún remoto lugar de la convulsa África. Yugoslavia era un floreciente país europeo que está a tan solo 2.000 Km. de Alcañiz. El año en el que estalló el primer conflicto, se perfilaba como el país con mejor futuro de la Europa oriental. Por aquel entonces, ya contaba con 9 millones de turistas, haciendo un gran “daño” a nuestra principal fuente de ingresos. ¿Quién pensaba que podía estallar una guerra allí?

Algunos iluminados del ejército español no han vacilado en proclamar que sacarán los tanques a la calle si lo creen necesario para defender la unidad nacional. Poca gente cree que eso pueda llegar a ocurrir, pero… ¿seguro que no puede suceder? La megalomanía de Artur Mas y la psicosis patriótica de algunos militares, son mala mezcla. Y además, el clima de creciente crispación que se está creando tanto en Cataluña como en el resto del Estado, no augura nada bueno. Ya hemos comenzado por aquí con las listas en Internet que incitan a no comprar nada que provenga de Cataluña. Vamos alimentando el odio día a día, tanto aquí como allí, y el ambiente no cesa de caldearse. Este 12 de octubre estaba en Barcelona y me pasé a ver las movilizaciones que había por el centro. Casualmente, presencié cómo un hombre envuelto en una inmensa bandera de España y de la mano de su hija de unos 5 años usándola como escudo humano, se acercó desafiante a un grupo de independentistas. El follón estaba cantado. La policía tuvo que intervenir y a los pocos instantes ya apareció un individuo con la cabeza totalmente ensangrentada. No sé de dónde le vino el golpe, pero ahí estaba el pobre medio inconsciente.

En fin, que espero que aparezca pronto en escena alguien con dos dedos de frente que sepa frenar todo este despropósito. Eso, o quizá nos veamos abocados a escribir otra terrible página en la historia de Europa.

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