
La banca ética Según el diccionario, cuando en una misma frase aparecen juntas dos palabras con significados opuestos, tenemos lo que se llama un oxímoron. Por cirtar algunos ejemplos típicos tenemos “silencio atronador”, “frío infernal”, “guerra santa”... y no nos olvidemos del conocido “inteligencia militar” que ya acuñó en su día Groucho Marx. También podríamos usar otro, con perdón de algunos pocos que no merecen el agravio, “político honesto”...
Pero me quiero referir aquí a uno que se está poniendo de moda en estos días, sobre todo desde que Jordi Évole hablo de ello en su programa de la Sexta: “banca ética”. Ya hace mucho tiempo que andaba yo detrás de esta historia, indagando y preguntando a todo aquel que pudiera informarme, pero siempre me quedaba cierto resquemor, una inevitable desconfianza hacia algo que no me terminaba de entrar en la cabeza: que un banco pudiera hacer sus negocios desde el marco de la ética.
Pero al final me lo he creído. Y para resumir en tres líneas lo que significa esto de la banca ética, decir que se diferencian de los demás en que sólo financian proyectos que puedan aportar un beneficio de tipo social, cultural o medioambiental. Es decir, no van a especular con nuestro dinero, no van a invertirlo en asuntos opacos con fines imposibles de averiguar.
Y sí, he dado el paso. A modo de “buen propósito” de comienzo de año, he abierto una cuenta en un banco “ético” que tiene sucursal en Zaragoza. Cuando me dirigía a ella, iba sientiendo una extraña pero placentera sensación. Era uno de esos momentos estúpidos con que nos obsequia nuestro ego, por el que me sentía bien conmigo mismo porque creía que iba a hacer algo especial. Cuál fue mi sorpresa cuando al llegar al banco lo encontré atestado de gente. Casi una hora me tocó esperar. Suerte que estaba decidido y no claudiqué, pero en cualquier otro banco ya ni habría entrado al ver tal aglomeración. Cuando por fin llegó mi turno, le pregunté a la mocica que me atendió si se trataba de un día especial. Me dijo que no, que desde hace un tiempo, era siempre así, que no me podía imaginar el movimiento que hay cada día...
Es decir, hay mucha gente, mucha más de la que normalmente se nos pasaría por la cabeza, a la que le importa bastante lo que los bancos tradicionales nos han hecho y nos están haciendo. Y lejos de quedarse en una pataleta de barra de bar, dan el paso de dar la patada a su banco de toda la vida. Je, cuando vi tanta gente en la sucursal, me dejé de sentir “especial”, sobre todo cuando me explicaron que había decenas de miles de españoles que habían dado ese paso mucho antes que yo. Pero eso me hizo sentir no sólo bien, si no incluso mucho mejor.
