Opiniones

José Luis Pueyo

Las compañías de seguros Una apacible noche, un BMW X5 se salta un semáforo en rojo, se cruza en tu camino, y tu querido coche, anciano ya, pero todavía con la ilusión de un largo camino por recorrer, queda literalmente destrozado. “Siniestro total”, pronostica un resabiado gruista que ya tiene el culo pelado de haber visto muchas escenas como esta. “Los del seguro te van a dar 300 euros, y si no te lo crees, al tiempo”. La sentencia chirría en los oídos del desolado propietario de ese amasijo de hierros, al que sólo le queda el consuelo, nada desdeñable, de verse de una pieza y sin el más leve rasguño.

Ahora comienza el tortuoso camino de bregar con tu compañía de seguros para que te defienda como crees que mereces ante la compañía contraria, la cual hará todo lo que esté en su mano para que te comas tus hierros con patatas. Palabras como ética, honradez, decencia... no existen dentro del código deontológico de las compañías de seguros. A ellas no les importa que ese anciano coche fuera tu único medio de transporte, que acaso no tengas la posibilidad de comprarte otro vehículo, que quizá ese coche era tu única forma de ganarte el pan cada día. Todo eso les importa un carajo.  Simplemente eres su problema, e intentarán librarse de tí. Y como todas las compañías navegan en el mismo barco, o si no es el mismo navío, al menos discurren por el mismo mar, montarán sus consorcios y alianzas para protegerse convenientemente de aquellos que les dan de comer.

Estamos en España, país experto en la picaresca, y ya va siendo hora de que perdamos la esperanza de que podemos cambiar. Son muchos siglos ya, lo llevamos indeleblemente impreso en nuestro código genético. Esto es lo que hay, tendremos que acostumbrarnos de una vez a nosotros mismos.

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