
Vivir en la mentira El asunto del Bárcenas ha levantado bastante polvareda estos días. Polvo que pronto irá cayendo por su propio peso dejando una nueva capa de suciedad en nuestra sociedad. El mundo de la política es una permanente mentira, desde las promesas electorales, hasta los innumerables chanchullos que pertrechan. Y esto vale para todos los que han gobernado en los últimos 30 años. Pero lo aguantamos todo casi sin pestañear.
Será que la mentira es una característica propia de los seres humanos, no sé si también con carga genética, pero sí desde luego cultural. Nos mienten desde que nacemos. Los padres mantienen la patraña de los reyes magos hasta que el niño descubre por si mismo que ha sido engañado durante años. La religión, mamada desde los primeros momentos de vida, es la mayor mentira que ha montado la humanidad. Espero que no se moleste algún creyente, pero es que partiendo del más sencillo razonamiento lógico, en el caso hipotético de que haya una religión que está en lo cierto (cosa que habría que demostrar), el resto de religiones serían mentira, así que miles de millones de personas viven toda su vida creyendo y transmitiendo una mentira.
Pero la mentira llega a todos los ordenes del día a día. Está reciente el caso de Lance Armstrong, que se ha agarrado a la mentira hasta que las abrumadoras pruebas lo han aplastado definitivamente. Y luego el mozo lo justifica diciendo que todo el mundo se dopaba, que el ciclismo es una gran mentira. Y en lo más cotidiano, podemos vivir felizmente engañados durante años pensando que nuestra pareja nos ama locamente, cuando en realidad quien tiene ocupado su corazón todos los minutos del día es el vecino del 5º, con el que no pierde ocasión para juntarse cuando se presenta la oportunidad... Y se podrían seguir poniendo ejemplos de las mentiras con las que vivimos hasta llenar varios libros, sin duda.
Es decir, vivir engañados es parte de nuestro modus vivendi, así que quizá por eso tenemos tantas tragaderas. Y es que, como decía Aute en una de sus canciones, necesitamos la mentira: “...Todo es mentira, todo es mentira menos tú... Y si lo fueras, te lo suplico: miénteme.”
