
Buenos y malos
Siempre que sale a colación el asunto del racismo, aprovecho para explicarles a mis alumnos que sólo existen dos tipos de personas: buenas y malas. Y el otro día una amiga mía se topó con unos especimenes del segundo tipo. No sólo ella sino también su ex-inquilino.
La historia es que mi amiga, Ana, tenía alquilado su adosado a un tipo que el 30 de junio se marchó a otro lugar. Era un inquilino al que apreciaba mucho porque en todo el tiempo que habían mantenido la relación arrendador-arrendatario, no le había causado el más mínimo inconveniente. Al día siguiente entraron a vivir una pareja de mediana edad con su hijo de 8 años. Todo pintaba bien, porque Ana no había tenido su piso vacío ni un solo día, así no tendría problemas para pagar la hipoteca al banco, ya que últimamente su negocio de vendedora de cosméticos con el que intenta sobrevivir, no marcha todo lo bien que desearía.
El caso es que ya han pasado casi dos meses desde el cambio, y Ana aún no ha visto ni un céntimo del alquiler. Los tipos le contaron no sé qué película sobre un ERE y un accidente de tráfico y algunas otras supuestas calamidades más, y con eso y la buena fe de Ana que es muy "comeflores" y siempre piensa que todo el mundo es bueno, fue pasando el tiempo. Todo saltó cuando el anterior inquilino la llamó porque los de eléctricas le habían pasado un recibo, y además bastante elevado. Se suponía que los nuevos inquilinos se encargaban de hacer el cambio de nombre, pero...
La anécdota es larga e incluso entretenida, pero el espacio de esta sección no da para tanto. Resumiré. El domingo pasado se reunieron Ana y su ex-inquilino con los impresentables estos, y trataron de convencerles de que eran buena gente, que iban a pagarles a los dos de inmediato, que les dieran unos días, que no iba a haber ningún problema con el alquiler de aquí en adelante, y que el ex-inquilino cobraría todo lo que se le adeudara, por supuesto. Y que no entendían qué había pasado con la compañía eléctrica, porque ellos habían tramitado el cambio de nombre a mitad de julio. Ana dijo que le resultó curioso comprobar que se habían instalado con bastantes comodidades: barbacoa grandiosa en el jardín, dos televisiones que estaban encendidas sin que nadie las atendiera (y el tipo se jactó además de que nuca se apagaban...), una nevera tamaño XXL y un arcón aún más grande, y un sinfín de pequeños detalles que daban a entender que muchas necesidades no pasaban.
El ex-inquilino fue a la compañía eléctrica al día siguiente y le dijeron que nadie había pedido el cambio de titular para ese contador en ningún momento. Durante esa conversación afable y con buenas maneras y mejores intenciones del día anterior, les habían estado mintiendo como canallas. Así que visto lo visto, el ex-inquilino pidió la baja de la luz. A los dos días un operario fue a cortar la luz a la vivienda, y los elementos estos le suplicaron que llamara al ex-inquilino para que paralizara la baja. Pero a éste no le tembló el pulso y dijo que siguieran adelante con el corte.
Ahora Ana tiene la certeza de que esa gentuza no le van a pagar el alquiler ni de coña. Sabe también que además le va a costar bastante dinero y tiempo echarlos. Sabe además que a su banco todo esto se la repanfinfla y querrán cobrar puntualmente los recibos de la hipoteca y que la amenazarán con embargarla (ya le dieron un toque el mes pasado). Y sabe por unos vecinos que se han ido enterando de cosillas, que estos individuos van dejando pufos allá por donde van sin el menor sonrojo.
Me decía Ana que le contó todo esto a un amigo suyo y que el la preguntó "¿son extranjeros?" - "No, no, son del país, hasta tenían la bandera de España desplegada junto a la televisión", repondió ella. Y el amigo, en tono ácido le dijo, "Vaya, encima no podemos despotricar contra los que vienen de fuera. Nos tienen que joder la vida los de casa..."
Y lo triste es que el caso de Ana no es algo aislado, sino que se repite con penosa frecuencia. El mundo está lleno de gentuza sin escrúpulos, independientemente del color de su piel y sus orígenes. Son los malos. Si se cruzan en tu camino te han jodido, porque para cuando te percatas de ello, ya es demasiado tarde.
