
Recuerdo con nostalgia las ardorosas discusiones que mantenía con mi padre, en las que el defendía orgulloso el régimen franquista recordándome los logros sociales que se consiguieron en aquella época, mientras yo le respondía siempre con un "sí, pero, no había democracia, no había libertad...".
Y es que mi padre puede que fuera muy cabezón, pero igual no andaba tan desencaminado en su defensa del dictador. Si hacemos un repaso rápido a algunas de las conquistas sociales que mi padre me relataba, nos encontramos con la creación de la seguridad social universal, la pensión de jubilación y la de viudedad junto con el establecimiento de la edad obligatoria de jubilación a los 65 años, la paga extra de verano, la paga de navidad, la paga extra llamada "de beneficios", los treinta días de vacaciones obligatorias más otros catorce días de descansos varios a lo largo del año (además de los imprevistos por muerte, enfermedad u otros), la garantía de compensación económica para casos de despido improcedente, la creación del Estatuto de los Trabajadores, el establecimiento de una fecha tope para el contrato de prácticas, la creación de cientos de miles de viviendas sociales (las llamadas "sindicales") para las clases obreras más desprotegidas, la creación de escuelas públicas y gratuitas, la creación de las escuelas laborales y las universidades laborales donde los hijos de los obreros tenían absolutamente todo pagado (comida, ropa, residencia, estudios...)...
¿Cuántas de estas conquistas sociales establecidas por ese "depravado" dictador se han cargado o están a punto de cargarse nuestros "nobles y respetables" dirigentes democráticos? "Sí, pero, hay democracia, hay libertad, y por lo menos podemos quejarnos...", podría argumentar alguien ahora. Sí, ¿eh? Pues, ni aún eso, pues ahora han decidido que si se te ocurre juntarte con otros para quejarte aunque sea de forma pacífica, será considerado un delito penal castigado con penas de prisión...
¡Ay, si Franco levantara la cabeza!
