Durante toda la legislatura anterior en mi querido pueblo, Alcañiz, comprobé cómo las malas hierbas crecían alegres y felices en el camino hacia mi huerto. Algunas de ellas habían sobrepasado incluso la categoría de arbustos o matorrales y se las podía ya considerar como zona de arbolado. Pasar con en el coche por allí resultaba nefasto para la chapa, aunque la vejez de mi auto, con sus muchas “arrugas”, hacía que esto no fuera muy preocupante para mi. Con cerrar las ventanillas para que una rama traidora no me sacara un ojo, era suficiente.
Comprobé en alguno de los paseos por mi pueblo, que esta situación se repetía en estos o similares términos de dejadez en muchos de los caminos-casi-calles que lo recorren. Si no eran las hierbas que angostaban el paso, eran los baches que crecían alarmantemente en número, anchura y profundidad. O una mezcla de ambos problemas, eso también.
Un día tuve la oportunidad de comentar esto con alguien del Ayuntamiento y tras sugerirle lo fácil que me parecía solucionarlo simplemente enviando a la brigada (el presupuesto para los arreglos sería ridículo: un poco de gasolina para las máquinas y unos cuantos sacos de cemento y arena, que no son tan caros, la verdad), me contestó, “Uy… tú no sabes lo difícil que es conseguir que la brigada haga estas tareas…”.
No pude averiguar a qué se debía tal dificultad para que este grupo de funcionarios hiciera estos sencillos trabajillos, pero he podido comprobar esta semana pasada que la hierba del camino de mi huerto, ha sido cortada. No tengo ni idea de si ha sido la brigada a la que alguien ha sabido cómo darle las órdenes precisas, o si han llamado a un grupo de operaciones especiales (la cosa lo requería), o si simplemente ha sido un vecino indignado que ha empuñado la guadaña y en lugar de hacer rodar cabezas, se ha liado con los hierbajos… Me pregunto si esto ha sucedido también en los otros lugares del pueblo, tan necesitados de estos urgentes cuidados. Como estoy de vacaciones, me daré un paseo a ver cómo están las cosas. Ojalá no sólo sea cosa de mi camino. Y ojalá pase a figurar en la agenda de tareas imprescindibles a realizar en el pueblo periódicamente. Y es que son las pequeñas cosas, como éstas, las que hacen que la vida en tu pueblo, en tu casa, sea más placentera.
