Debo admitir que a pesar de la filiación política del señor Gallardón, nunca me había caído mal del todo. Y tras sus primeras actuaciones, hasta me atrevería a decir que me cae bien, oye. Tres asuntos que ha tocado y tres sorpresas que nos brinda. Lo de la ley del aborto, que algunos pensaban que iba a ser pasada por la piedra, se va a quedar en el punto en la que la dejó Felipe González en el 85, incluso con algunos retoques que la mejoran. Lo de los matrimonios gays, pues Gallardón como que no le ve el problema, no cree que sea inconstitucional… No va a mover ficha, eso sí, a la espera de lo que diga el constitucional, pero si de él depende, los gays que tengan en la cabeza casarse no tendrán que ir corriendo al juzgado por si acaso. Y bueno, esa es la otra, la de los matrimonios y divorcios, que ya no hará falta acudir al juzgado, y en un ratico un notario puede solucionarlo todo. Impresionante lo de este hombre.
Lo que también resulta chocante es la posición actual de los otrora feroces detractores de este tipo de iniciativas sociales. Cabe recordar los iracundos ataques de la conferencia episcopal contra el “divorcio express” con el que se salieron los socialistas. Y ahora el partido conservador va a dejar lo del “divorcio express” en algo demodé propio de partidos algo rancios, pero, ¿han dicho algo ahora las fuerzas vivas eclesiásticas? Pues poca cosa, la verdad, algún comentario suelto para no quedar mal, pero ahí ha quedado la cosa. Hasta Buruaga ha aplaudido desde la COPE la propuesta de Gallardón. Tremendo.
En fin, soplan aires nuevos para nuestro país (aparte del maldito cierzo de estos días). El Partido Popular igual tiene que pasar a llamarse Partido Progresista, je. Y esto me deja más tranquilo, porque en lo que respecta a la economía peor que el PSOE es complicado que lo hagan, y en lo que toca a los asuntos más íntimos y personales, las cosas hasta podrían mejorar visto lo visto, y todo esto sumado a una sustancian disminución de la crispación social, ya que los que siempre han lanzado ataques furibundos contra las decisiones progresistas envenenando el día a día, ahora callan… Pues nada, bienvenido sea el cambio.
