Opiniones

José Luis Pueyo. Tradiciones

En estos días de arraigadas tradiciones, iba yo pensando en la importancia que estas tienen en nuestras vidas. Y no pensaba en las religiosas, que al fin y al cabo sólo se dan en momentos puntuales durante el año, sino en esas tradiciones del día a día que hacen que nuestra forma de vida nos haga tan diferentes de otros países, como por ejemplo del que me encuentro ahora, los EE.UU.

Si hay algo que nos distingue a los españoles, es esa costumbre que tenemos de sentarnos a comer en la mesa y tomárnoslo con tranquilidad, haciéndolo siempre que podemos en compañía de nuestra familia, o si no podemos volver a casa, lo hacemos con nuestros compañeros de trabajo. Y no es raro que un intervalo de hasta 3 horas separe la jornada matutina de la vespertina. Eso no se concibe en los EE.UU. Aquí uno se toma cualquier cosa en 10 minutos y sigue trabajando.

Me pasó una anécdota hace poco que ejemplifica esto. Asistí a unas conferencias en Atlanta y cuando miré la agenda del día comprobé que habían dispuesto charlas y actividades durante toda la jornada, desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche. Pero no vi que hubiera alguna hora para comer y para cenar. Así que les pregunté extrañado a los organizadores a ver cuándo se comía, y me dijeron con toda naturalidad que cuando yo quisiera, que había varios sitios de comida rápida en los alrededores, que fuera a buscar algo cuando me apeteciese y que volviese a la conferencia… Eso dice mucho de la idiosincrasia de un pueblo. En nuestro país, imagino a los organizadores de un evento así preocupados lo primero de todo por determinar cuándo se comerá y dónde, y desde luego permitiendo entre 2 y 3 horas para tal fin. Y una vez fijado el horario de comidas, ya se puede completar el resto de la agenda. Es cuestión de prioridades.

Comentaba esto hace un rato con unos amigos norteamericanos que han vivido durante algún tiempo en España. Alababan esa forma de tomarnos la vida con cierta calma, dando importancia a ese “acontecimiento” diario que es sentarte con los tuyos delante del plato y disfrutar relajadamente de ese ratito. Añoraban también eso de que cuando quedas con los amigos, normalmente te citas en un bar, y la tarde discurre sin saber a ciencia cierta cuándo volverás a casa. Si estás a gusto, quizá acabes tomando unas tapas por ahí, luego unos cafés y unas copas, y cuando ya no quede más remedio porque recuerdas de repente que al día siguiente hay que levantarse temprano para ir a trabajar, pues ya te vuelves a casa. Precisamente es lo que nos ha pasado hoy: mis amigos medio “españolizados” y yo, hemos terminado cerrando los bares de Magazine Street, y entonces hemos entendido que igual era hora de volver a casa, que mañana es día de labor…

Y es que hay costumbres que no se deben perder, hacen que la vida sea más sugestiva y agradable. Quizás la globalización nos llene el país de McDonalds y KFCs, pero no debemos permitir que eso nos traiga también su forma de entender la vida. Me quedo con la nuestra. Y con el pincho de tortilla de patata, of course.

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