El pasado domingo, día 19, se celebró el día de San Lamberto, patrono de la Comunidad de Regantes de Teruel.
Recibí unos días antes un correo del ayuntamiento en el que, a través de protocolo, me decía el alcalde que convocaba a todos los concejales a las 9,50 horas en el ayuntamiento para recoger las bandas, e ir en una procesión con los regantes hasta una iglesia, para asistir a una misa. Después habría un vino español.
Contesté a ese correo que creía que no debía asistir a una procesión ni a una misa, y que por tanto no acudiría. Pregunté que si les molestaría que acudiera solamente al vino español, y pedía que me dieran un teléfono de contacto para hablar con algún responsable de los regantes. No recibí respuesta del ayuntamiento. Y no acudí.
Me gustaría aclarar públicamente mi postura en estos casos, porque no quiero aparecer como una persona descortés, ni que desatiendo mis obligaciones.
Las procesiones y las misas, y en general, las manifestaciones religiosas son totalmente respetables, pero a ellas deben asistir los fieles de la religión que sea. Una procesión supone manifestar públicamente que se profesa esa religión, y una misa es dar culto al dios de los cristianos. Creo que ambas cosas tienen su importancia, plantean un compromiso de vida, y por lo tanto son cosas serias.
Acudir sin ser fiel a esos eventos supone rebajarlos a simples actividades sociales, y no sé si los cristianos estarán de acuerdo en convertir su religión en un simple acto social.
Aún es peor que los concejales y el alcalde acudamos, como tales, a estas manifestaciones religiosas. Para mí, esto es totalmente improcedente. Me explicaré. El artículo 16.3 de la Constitución afirma que ninguna confesión tendrá carácter estatal. La consecuencia de esto es que los concejales, ataviados con sus bandas, son responsables públicos de un estado aconfesional, es decir, son estado, y por lo tanto, en esa condición, no deben rendir culto a ningún dios.
Mucho más improcedente sería que con esa asistencia se quisiera expresar la subordinación del poder civil al eclesiástico, concepto legal y filosóficamente hoy superado. Porque las Iglesias son entidades privadas, por mucha influencia que tengan, y por mucho que sus miembros se crean otra cosa.
Quienes de entre los ediles sean cristianos y quieran manifestarlo, deberán despojarse de sus distintivos, bandas y bastón de mando en caso del alcalde, y acudir como un ciudadano más. Esto es lo correcto. Ya sé que la tradición, la costumbre, el qué dirán, llevan a muchos cargos públicos a continuar asistiendo a actos religiosos “porque se ha hecho siempre así”. Creo que en las capitales tenemos más responsabilidad en comenzar a cambiar estas cosas.
Porque un responsable político, que ha jurado o prometido cumplir y hacer cumplir la Constitución de 1.978, debe ser consecuente con sus actos, debe manifestar con hechos la verdad de lo que piensa y siente, y debe cumplir la legalidad vigente. Acertada o equivocadamente, eso es lo que pienso y eso es lo que voy a defender durante esta legislatura.
