Opiniones

José Sodric. La sociedad de los derechos no tiene tantos ahora

Vivimos un tiempo denominado hasta hace muy poco como la “sociedad del bienestar social”, un tiempo en que el buen momento de trabajo y la clase política, que ha derrochado sin medida, ha creado una sociedad en la que todo o casi todo ciudadano se cree con muchos o más bien demasiados derechos y muy pocas obligaciones, ha creado una corriente de opinión que el ciudadano se cree que papá Estado, Autonomía o Ayuntamiento tiene la obligación de darme toda clase de servicios. Por el mero hecho de ser del pueblo o ciudad cualquiera he de poder hacer gimnasia, jugar al balón pie, ir a la piscina, tener locales de reunión para amas de casa, asociaciones culturales y toda clase de ocurrencias diversas que, con ser aparentemente buenas en sí mismas, hemos de ver con claridad, que todo esto cuesta un dinero que hoy no tenemos, por lo que habrá de acostumbrarse a que aquel que algo quiera algo habrá de pagar, o bien habrá que cerrar ciertos servicios que sangran a las arcas de toda ciudad o pueblo, de las cuales no se benefician siempre todos, sino solo algunos. Pero pagar pagamos todos y los tiempos no están para tirar nada.
¿Cuántos contadores de luz tiene un Ayuntamiento cualquiera? ¿Cuántos empleados? ¿Cuántos locales que hay que limpiar y mantener  porque las luces han de brillar toda la noche, porque en las fiestas hemos de traer al mejor conjunto de moda? ¿Cuánto cuesta la calefacción de los locales anteriores?  ¿Cuánto cemento de ha derrochado en las calles, rocódromos, y obras diversas de cada pueblo?
Si, ya sé que muchos hemos dicho alguna vez que todos tenemos el mismo derecho a tener de todo, que nadie ha de ser más que otro, que en los pueblos tenemos que vivir igual que en las ciudades.  Pero en lo que no hemos pensado es en que todo, absolutamente todo hay que pagarlo y que lo hemos de pagar los más cercanos, los de cada pueblo y lugar, allá donde estemos viviendo. De  eso no nos hemos de escapar.
Y claro, cuando han venido las vacas flacas y papá Estado, Autonomía y Ayuntamiento se han quedado a dos velas nos vamos a ver en la necesidad de cerrar locales y servicios o pagarlos de nuestro bolsillo directamente, entonces la crítica está servida, qué malos son estos políticos de ahora que no nos hacen nada, dicen unos, y qué ruines que fueron aquellos que mandaban antes, que tanto derrocharon dejando sin nada las arcas municipales y las otras.
Cada uno se queja cuando le duele y donde le duele, pero lo cierto es que la avaricia rompe el saco y que quien no guarda para la vejez de viejo duerme en la paja.
Esto nos está pasando ya y habrá que hacerse a la idea de que los tiempos pasados ya nunca volverán, así que a trabajar se ha dicho, pero claro ¿a dónde he de ir? Pues a hacer volar la imaginación, a apretarse el cinturón, a no salir todas las noches de fiesta, a reinventarse la forma de vida, quizás ha hacerse autónomo para saber lo que vale un peine, a conformarse con lo que entre el patrón y yo acordemos a parte de sindicatos, al trueque si no hay dinero y a pedir o, mejor dicho, a exigir a los dirigentes políticos que se apliquen de verdad, que sean honestos o a la calle, que cobren como todos los demás. Y esto también que se aplique a los periodistas, grandes empresarios y demás buitres carroñeros (metafóricamente hablando claro, por si acaso) no vaya a ser que alguien se moleste.
En resumen, la vida alegre se ha acabado, toca discurrir, trabajar, ahorrar, comportarse y exigir comportamiento, pero siempre que vaya por delante nuestro propio comportamiento adecuado, si no de nada nos servirá ninguna queja, ni exigencia alguna.
Todos tenemos que predicar con el ejemplo, no podemos quejarnos sin más ni más. O apencamos todos o todos al carajo, por no decir a otro sitio. Es tan solo una opinión a tener en cuenta, claro.

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