
Por fin la variante de Alcañiz ha sido abierta al tráfico. Quienes vivimos a lo largo de la travesía de la N-232 podremos abrir las ventanas de nuestras casas en verano, sin que el ruido de los camiones nos estropee la película, y sin peligro de que el olor de los transportes de ganado nos corte la digestión. Alcañiz va a dejar de ser el semáforo de Aragón, en la desbocada carrera por alcanzar las costas de Levante. Una magnífica noticia, de haber sido publicada en los periódicos de principios de los años 90. Hoy, en Abril de 2011, la variante de Alcañiz es “demasiado poco, y demasiado tarde”.
Las obras comenzaron en Julio de 2007, hace casi cuatro años. Si hacemos unas operaciones aritméticas de lo más sencillas, podemos sacar unas conclusiones muy interesantes. La variante tiene una longitud total de 9 kilómetros –sumando los dos tramos-, que equivalen exactamente a 4,5 kilómetros de autovía. Esto quiere decir que para finalizar la futura autovía A-68, desde el Burgo hasta las Ventas de Valdealgorfa harían falta, al mismo ritmo, unos 80 años de trabajo. Eso, en el hipotético caso de que todos los trámites administrativos – que suelen decir algunos políticos que es lo que más tiempo cuesta-, estuviesen finalizados, y las obras pudiesen comenzar de inmediato. ¡¡Una auténtica vergüenza!! Ese es el ejemplo del interés que el Bajo Aragón despierta en el Gobierno de España. No hacen falta muchos más datos.
Espero que, al menos, nadie quiera vendernos una “burra coja”, presumiendo de la ejecución de la variante de Alcañiz como una gran obra. Espero que nadie tenga el “cuajo” de celebrar con alharacas semejante hito en las comunicaciones del Bajo Aragón. Y espero que todas las administraciones se pongan a trabajar para dotar a esta tierra de unas infraestructuras de transporte dignas. En especial, la A-68, la finalización del tramo pendiente de la N-232, y el ferrocarril hasta Alcañiz.
