Darse Cuenta: La vida del cuerpo es la respiración
Respirar es tomar alimento gaseoso, abundante y gratuito. Al nacer inspirar fue mi primer gesto, un préstamo que al morir tendré que devolver. El aire entra y sale de mi cuerpo pero no está en mí, soy yo quien está en él. Dicen los hindús, grandes expertos en esto de respirar, que no nos dan número de años de vida sino número de respiraciones. Por lo tanto, si respiro deprisa y mal se me van a gastar antes, así de simple.
A poco observador que hayas sido te habrás dado cuenta que no respiras igual en todas las circunstancias. Además de que la respiración se altera cuando hago esfuerzo físico, también el ánimo altera mi respiración. No respiro bien cuando algo me asusta y tengo miedo, cuando alguien me dice algo que no quiero oír y me irrita. Recuerdo mi respiración en una situación de ira y rabia o cuando estoy triste ¿Cómo se llenan mis pulmones cuando siento felicidad? ¿Qué gesto respiratorio hago cuando alguien me regala algo, recibo un abrazo o una caricia? Sin duda respiro mejor cuando veo felicidad en los demás.
Presto atención a mi respiración mientras escribo esto, espero que a ti también te pase ahora que lo lees. Al prestar a atención a mi respiración me doy cuenta del aquí y ahora y salgo del cansancio de pensar en ayer o en mañana, momentos en los que no me es posible intervenir. Solo puedo hacer, darme cuenta y cambiar cosas aquí y ahora.
Respirar bien, ampliamente, llenando y vaciando bien los pulmones, tiene una repercusión inmediata en mi bienestar físico y emocional. Por eso, si me duele el cuerpo respiro profundamente para aliviarlo aunque también me tome una aspirina, puede que si respiro con una buena técnica y concentración no me haga falta pastillita, si lo que me duele es la vida respiro a fondo para que mi mente se calme y aparezcan las respuestas que anhelo.
Las técnicas de respiración-relajación plantean la cuestión de la siguiente manera: Si lo que pasa en mi entorno incide en mi bienestar y como consecuencia altera mi respiración, esta es la llave para cambiar mi estado emocional. En resumidas cuentas, no es que respirar hacia la tripa (respiración abdominal) pague mi hipoteca, pero sin duda mi angustia vital se reduce y deja espacio para que aparezca una visión más clara de realidad y la apertura mental a nuevas soluciones a mis problemas. No cambio la realidad, que es la que es, ni me evado de los problemas, cambio mi postura y mis respuestas. Respirar adecuadamente es un proceso mágico y sencillo y quienes llevamos tiempo practicando lo vamos constatando día a día.
Empieza hoy a respirar mejor, aquí y ahora, lleva el aire hacia el fondo de tus pulmones hasta que tu tripa se hinche, reten unos instantes el aire dentro de tu cuerpo y cuando sueltes hazlo como si dejaras escapar un hilito fino de aire, cuando hayas dejado que salga todo el aire contente unos instantes hasta que el cuerpo vuelva a pedirte una nueva inspiración. Afloja tu cuerpo con cada expulsión y cierra los ojos. ¡Ánimo y Buena suerte!
Mabel Alquezar.
Instructora de Yoga, titulada por la escuela Sanatana Dharma de Zestoa (Gipuzkoa)
