
Política de lengüetazos
Hace dos semanas cientos de miles de ciudadanos de Barcelona se manifestaron reclamando la independencia, un paso más del recorrido que se inició en 1977. Si se hubiera convocado entonces una manifestación con el mismo objetivo, no habrían participado más que unos pocos miles.
Este incremento del independentismo en Cataluña se debe a varios factores, quizá el más importante el control de la educación por parte de los nacionalistas. Y dentro de esa educación, la utilización del catalán como “lengua propia” aglutinante de un sentimiento nacionalista.
En esta parte de Aragón hay varias poblaciones en las que se habla una lengua distinta del castellano. Sirve para saludar, para discutir, para negociar, para cotillear, para insultar o para hablar de amor. Vienen haciéndolo así desde tiempos remotos, sin ningún conflicto. Al conocer también el castellano, pueden relacionarse en esa lengua con aquellos que desconocen la suya. Gentes normales que usan las lenguas de manera normal.
Algo que ha dejado de ser así en Cataluña, y no porque sus gentes no sean igual de normales, sino porque sus políticos, se han apropiado de la lengua y la han utilizado como herramienta para sus objetivos. Es la política de lengüetazos: usar la lengua para golpear con ella a otros. Conseguir que personas que conocen un idioma común se nieguen a usarlo, aunque dejen de entenderse. Cuando los ciudadanos dejan que los políticos se adueñen de su lengua, éstos terminan por utilizarla como arma contra alguien.
