
Mujeres
Diputado Cantó, a ver si se entera bien de las cosas, que con las cosas del vivir no se juega.
En la intimidad de las casas muchas mujeres son insultadas, despreciadas, humilladas, agredidas físicamente… todo ellos sin testigos. Las casas son infiernos para esas mujeres, que un día, con mucho miedo en el cuerpo, deciden que ya está bien, que no se merecen ese castigo, ni esa vida, que son personas con derechos y con esperanzas y que fuera de esos muros y de la influencia de su pareja, pueden vivir una vida tranquila, sin sobresaltos ni miedos, UNA VIDA al fin.
Y ese día, a veces, empieza otro calvario. El de la incomprensión. El entorno más cercano no siempre entiende el por qué de la denuncia. Generalmente el maltratador lo es en la intimidad de la casa, sin testigos, y a no ser que de un guantazo te rompa la cara, las señales del alma no se ven, los insultos, los desprecios, los gritos… Y “por el bien de los niños”, el “que dirán”, y otras cosas parecidas (las mujeres han de ser sumisas, sacrificadas, y “aguantar”), empieza otra presión sobre ellas. Algunas desisten de la denuncia por miedo (que te amenacen con quitarte la vida o quitar la vida de tus hijos es una poderosa razón). Otras por presiones del entorno más cercano...
Las que siguen adelante y llegan a juicio, han de probar que el denunciado hizo lo que ella dice que hizo, y no es fácil a no ser que haya testigos o pruebas forenses. Señor Cantó, no poder probar un delito no significa que la denuncia sea falsa, y ese es el principal problema de muchas mujeres maltratadas: que nadie ha visto nada.
Recordar al Sr. Cantó y a los que piensan como él, que el maltrato no es sólo dar palizas de muerte, también es maltrato insultar continuamente, hacer de menos, humillar, ningunear en la toma de decisiones, aislar de los amigos y la familia, amedrentar, obligar a hacer cosas que no se quieren, valiéndose todo ello de la superioridad física o de la amenaza.
Sr. Cantó, creo que usted piensa que las mujeres somos todas malas, muy malas, y las feministas… esas, las peores. Al fin y al cabo somos sólo mujeres ¿no? ¿Qué nos habremos creído?
