Hacía muchos muchos años que no se presentaba a la izquierda un reto de semejantes dimensiones. Y este reto se llama 15-M. Un movimiento que ha sobrepasado en capacidad de convocatoria y liderazgo a las entidades tradicionales de la izquierda. Dígase los sindicatos de clase o los partidos de izquierda (IU, CHA, BNG, etc) Y esto nos debe hacer reflexionar y mucho... y con reflexionar no quiero decir flagelarnos, que tan dados somos a veces a ello.
Nada será igual después del 15-M. Y nada será igual porque lo que no habíamos sido capaces desde los partidos "tradicionales" de la izquierda, está siendo capaz el 15-M desde su propia autogeneración de asambleas y grupos de acción en diferentes campos. Y me estoy refiriendo por ejemplo, a evidenciar de manera clara y explicita las cloacas del sistema capitalista con el drama de los deshaucios. El foco de la información puesto donde nunca antes hubieramos sido capaces de ponerlo ha sido gracias al 15-M, y esto es maravilloso. Poder denunciar cómo intentan echar a personas a la calle cuando la vida y la fortuna les ha dado la espalda y cómo una concentración cívica lo impide. Esta denuncia así como otras muchas son ahora puestas a luz y son portadas de los telediarios y los periódicos. Portadas que nunca hubieran sido o por lo menos no con tanta fuerza como la denuncia del aprovechamiento ilícito de una élite política desconexionada de la sociedad, o los abusos de las grandes empresas o la denuncia de los sueldos millonarios de directivos de la banca, pagados con el sudor de nuestra frente. Toda este serie de denuncias hubiera sido imposible que hubieran pasado el filtro informativo sin la fuerza y la vitalidad que ha proporcionado este movimiento.
El 15-M nace como una iniciativa pura e inmaculada de mancha y pecado, cuasi virginal. Y se separa de todo aquello que huele al sistema contra el que quiere luchar. Desde mi punto de vista, injusto en los momentos que critica y deshecha a algunos que hemos estado luchando desde dentro del sistema para cambiarlo. Pero esto lo entiendo y lo respecto.
Con unas formas mucho más frescas y como decía antes con un poder de convocatoria a años luz de lo que estábamos consiguiendo nosotros en los últimos años; las propuestas e ideas de la izquierda transformadora son similares o idénticas a las generadas ahora por el 15-M. Por eso los de IU estamos tan cómodos en este movimiento, porque son nuestras propuestas y evidentemente las compartimos al 100%. Y a su vez, son nuestros propios militantes los que forman parte activa y central en muchas casos de estas asambleas; y las propuestas que formulamos salen adelante por lógica y por justicia.
El reto es de tales dimensiones que quizás alguno no lo acabe de ver o simplemente no lo quiera ver. Pero yo lo veo claro. Nunca la izquierda transformadora había tenido un altavoz tan potente, pero sobretodo con tanto prestigio y con tanta hegemonía social en un amplio sector de la población. Esto se une a un proceso iniciado desde IU llamado la refundación de la izquierda. Y este palabro tan rimbombante de la "refundación" no quiere decir otra cosa que: abrámonos más a la sociedad y fundámonos con ella, liguémonos como una sola cosa a los elementos de autogeneración que tiene la sociedad cuando la oprimen y la devastan. Pues igual que después de un incendio surge la vida, igual sucede con la izquierda; no pueden eliminarla por mucho que lo intenten. Y vuelve a rebrotar muchas veces sin conocer su pasado, pero sí sabiendo intuitivamente por donde proseguir el camino. Y eso es el 15-M. Los rebrotes de una generación en la que han intentando eliminar la ideología, pero la ideología y el sentido común vuelven a rebrotar aún entre las rocas o los campos más secos. Porque la verdad y como decía antes el sentido común es muy difícil de eliminar del ser humano.
Un guante que la izquierda tradicional no puede evitar ni deshechar, sino queremos romper la línea de continuidad dentro la izquierda. Vemos como elecciones tras elecciones son los nuestros los que no van a votar (quedándonos con el 5%, si se llega, pero siendo conscientes de que somos muchos más), y no van a votar porque no conseguimos llegarles al corazón y hacerles entender que somos parte de lo mismo. Pero el 15-M ha conseguido esto y mucho más; sentir que todos formamos una misma cosa. Y no quiero decir que sea para votar, sino para sentirnos parte de la misma idea.
Se abre una nueva etapa apasionante en donde la refundación o un proceso constituyente dentro de la izquierda, haga posible una fusión con los movimientos sociales y lo que supone el 15-M en particular. Y debemos tener la elegancia y la generosidad de dejar el paso quizás a otras personas que lideren este nuevo momento que tiene que ser causa común de todos los que creemos que otro mundo es posible.
