
El respeto
Como valor en España se ha estado degradando hasta alcanzar límites que no nos hubiéramos creído, si de ello nos hubieran hablado hace unos pocos años.
Muchos interpretaron que la democracia nos dotaba de la falta de reconocimiento a algunos valores que nunca deberían haber sido olvidados, para que las relaciones humanas y sociales no cayeran en la falsedad de pensar que en democracia el resto de individuos, al tener los mismos derechos, no merecen el respeto debido.
El respeto bien interpretado y practicado debe contener siempre la verdad, y no se puede considerar nada respetuoso mentir, engañar, defraudar, corromper, y estafar al pueblo en general, o a alguno de sus ciudadanos. Algo que los españoles venimos sufriendo y padeciendo por parte de una casta política que no siente ningún respeto por la ciudadanía, ni por los efectos perversos de unas políticas que maltratan al ciudadano, y ofenden su inteligencia.
Tanto a la clase política como a la cúpula de la Iglesia española, se les llena con demasiada frecuencia la boca con el término respeto, para con posterioridad ser ellos quienes más lo ignoran y no practican.
Cuando el pueblo sufre hambre y sus políticos y la Iglesia siguen percibiendo escandalosos sueldos, podemos manifestar sin faltar a la verdad, que tanto unos como otros son irrespetuosos con las pésimas condiciones a las que someten a la sociedad, por sus nefastas políticas económicas, y apocalípticas amenazas morales.
El respeto también debe ser recogido y mostrado a la hora de ser transparentes en la acción política, y en el rendimiento de cuentas al pueblo por parte de una buena administración tanto de los bienes públicos, como de los privados, de sus dirigentes y Jefe del Estado.
Mal ejemplo han venido dando nuestros políticos con sus groserías, insultos, falta de respeto, y provocación inútil y estéril entre los propios miembros de la clase dirigente; la juventud no puede crecer rica en valores morales y éticos, cuando los ejemplos que ven son la antítesis de lo recomendable.
