
España, un país que malvive de rodillas
Ha quedado en evidencia y claramente demostrado que nuestra democracia estaba basada en el engaño, la farsa, el cartón piedra, y los pies de barro. Todo, absolutamente todo, estaba y está por consolidar. La Constitución no es otra cosa que un papel mojado que apenas se sostiene como documento garante de nada, la mayor parte de sus artículos eran y son altisonantes y grandilocuentes, para emular el estilo de los que mucho quieren aparentar y no son nada.
El derecho a la vivienda digna no es más que una patraña, el derecho al trabajo es lo que se ha demostrado con la nada desdeñable cifra de 6 millones de parados, y los que nos quedan, el derecho a la educación se nos está mostrando según el catecismo de Rajoy para quien se la pueda pagar, y el buque insignia que era nuestra sanidad (ejemplo en el mundo), se desmantela sin ninguna vergüenza ante la pasividad de una gran parte del pueblo, que no reacciona y que luego amargamente se lamentará.
Desde 1978, año en que la Constitución fue sancionada por el Rey, no se han producido reformas sustanciales, ni se han añadido nuevos artículos que contemplaran nuevos aspectos de la vida de los españoles, que sin duda ha evolucionado.
Ahora asistimos con resignación propia de corderos al desmantelamiento del estado del bienestar, por parte de quienes autodenominándose defensores de nuestros derechos a los que no muestran ningún respeto, nos sustraen los derechos adquiridos, ejecutan embargos sobre viviendas hipotecadas porque antes se le negó al hipotecado el “derecho” al trabajo, y para colmo de desvergüenza e hipocresía, nos quedamos impasibles ante el hambre, que para despojarla de toda la crueldad que lleva implícita, se la rebautiza con la menos hiriente denominación de desnutrición.
Todo ello hace que enfermedades casi erradicadas como la tuberculosis, vuelvan a aparecer en nuestra sociedad, que nuestras propias defensas se vean mermadas, y por ello mismo, también nuestra esperanza de vida.
¿Necesitamos más muestras de que se nos trata como al enemigo cautivo, al derrotado por la desmesurada ambición de los sin alma, y que no merecemos ni siquiera la atención que siempre el pueblo ha tenido con los débiles, acompañándoles en la desgracia y mostrando nuestra compasión?
