
11,40 horas del 15 de Enero de 2012 en la cafetería Vewin´s, un grupo de jóvenes han juntado varias mesas y sentados a su alrededor consumen, ríen, debaten, cuchichean, operan con habilidad sus ‘smartphones’, y actúan siguiendo las pautas propias de la edad y la época que les toca vivir.
Siempre me he identificado con el sentir de la juventud, y he sido defensor de todos los movimientos que impliquen lucha contra el inmovilismo y a favor de todos los progresos que hacen avanzar a la sociedad; de hecho, aborrezco las formas tradicionales que se quieren hacer sempiternas, rancias, y modorras.
Ningún avance se hubiera producido nunca sin la actividad y la valentía de las generaciones que no han tenido miedo a innovar y descubrir nuevas formas de vida, nuevos métodos de trabajo, estudio, formación, investigación, y sobre todo han sabido despreciar los consejos que recomiendan la estabilidad ante el riesgo de lo nuevo.
El inmovilismo evita el progreso de los pueblos, y hoy en día más que nunca ese riesgo no se puede correr al estar totalmente integrados en una economía global; aquellos que no estén al día quedarán relegados a los últimos puestos de cola en la carrera por la subsistencia.
Uno de los mayores errores del presente en España es no seguir invirtiendo en I+D+I, esto provocará que dejemos de ser un país puntero, y se nos englobará en el grupo de naciones que se quedan al margen del progreso, para alinearnos junto con quienes no son capaces de avanzar si no es con el gran peso de la dependencia tecnológica y del conocimiento.
Me produjo una gran tristeza ser consciente de que muchos de los jóvenes que estaba observando en la larga mesa del fondo, serían los integrantes de la generación perdida, interiormente me rebelaba ante tal posibilidad, y era consciente de que aquellos a los que estaba viendo simplemente eran la muestra de una gran masa que se está sacrificando inútilmente en España.
¿Cómo una nueva generación podría darse por perdida cuando entre los políticos hay tanto harto de sopas que no se entera de qué va la cosa, y viven con grandes sueldos sin tener ni los mínimos conocimientos que nos hubieran podido evitar la gravedad de una crisis tan siniestra y dramática?
La conclusión es que no estamos viviendo un momento justo, y esto traerá graves consecuencias.
