
La luz de la mañana entraba por la ventana iluminando toda la estancia, y de repente el pánico se hizo presente, la vista fallaba de un modo alarmante, no podía enfocar en la distancia larga y todo se veía borrosamente, las tinieblas habían llegado de repente y sin avisar. ¿Qué sería de mí en el futuro?
Como la luz que no veía, a la misma velocidad, un mundo infinito de preguntas se agolpó en mi mente sin orden ni control. ¿Se acabó leer, conducir, internet, gozar de los colores, ver a los nietos?
Algo parecido al terror me atemorizó y la duda de su duración me hizo sentir todavía más frágil y vulnerable. Ciertos acontecimientos imprevisibles nos pueden dar un vuelco total a toda nuestra vida, y sumergirnos de repente en un mundo nuevo, no escrutado, y de consecuencias impredecibles.
Mi mujer entró en el dormitorio con el desayuno, y al observarme me comentó de inmediato: ¡No sé qué estás haciendo con mis gafas de lectura puestas! ¿Puedes ver algo?, y esas pocas palabras me devolvieron la tranquilidad en un instante mágico.
Rajoy, ¿qué haces con las gafas de Ángela Merkel puestas? ¿Piensas llevarlas durante mucho tiempo? ¿Puedes ver algo? ¿No das ni una a derechas?
