Opiniones

Santiago Hernández. Bagaje

  Una de las cosas que menos me gusta de viajar es preparar el equipaje. Está claro que no hay nada peor que soportar atascos, colas de embarque y demás sinónimos de espera. Dejando esto de lado, la tarea de seleccionar lo que voy a necesitar me resulta bastante ingrata.
La mayoría de las veces suelo llevar cosas que ni siquiera uso. También suelo preguntarme qué tenía en la cabeza cuando decidí meter tan pocos calcetines…
Esta experiencia de seleccionar lo que nos va a acompañar en función de su utilidad, me hace pensar en la ligereza con que a veces iniciamos acciones que luego se convertirán en hábitos durante gran parte de nuestra vida. Es obvio que hacemos las maletas según el destino. Sin embargo, si me preguntara cuántas de mis costumbres apuntan a mi ideal de persona, creo que me sobrarían varios dedos, demasiados.
Podría excusarme en mi entorno: mis amigos también lo hacen; ahora es normal, todo el mundo es así, y frases por el estilo. Pero, más que excusas, estas contestaciones son un doble reproche: ¿cómo es posible que, después de ver el error ajeno, tropiece con la misma piedra?
Antes que propósitos de año nuevo debería jugar al Robinson del S. XXI y preguntarme: ¿es necesario esto en mi isla? 

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