
Con el paso de los siglos, la catedral fue ampliada. Se le añadieron nuevas torres en la fachada del Obradoiro, obra de Fernando Casas y Novoa y todavía se conserva la Puerta Santa de estilo románico, conocida como puerta de platerías. Entre los elementos interiores de la catedral cabe destacar el enorme incensario conocido como “botafumeiro” que prende de la cúpula y oscila sobre la nave principal en ocasiones solemnes y/o en la misa del peregrino.
A finales del s. XVI se produce la singular amenaza del corsario inglés, “Drake”, que había prometido arrasar la Ciudad y destruir la Catedral. Ante tal amenaza, el obispo Juan de San Clemente decide esconder los restos del Apóstol sin dejar constancia ni de palabra ni escrita de donde los escondió, y así estuvieron desaparecidos durante más de doscientos años, hasta que el Papa León XIII nombro como obispo de Santiago a Miguel Payá en 1874, que luego sería Arzobispo de Toledo, con la misión de encontrar los restos del Apóstol. Y así lo hizo, con la inestimable ayuda del canónigo López Ferreiro. Se realizo un pozo detrás del trasaltar de la Catedral, lo que permitió hallar los huesos de tres cuerpos; el Apóstol y sus dos discípulos.
Entre 1880 y 1885, se adapto la cripta en la que estaban los restos para hacerla visitable, tal como está en la actualidad, y tras un estudio científico, con arreglo a los medios, instrumentos y métodos de la época, el Papa León XIII dicto la bula “Deus Omnipotens “, concluyendo que los restos encontrados eran los de Santiago, discípulo de Jesús.
Esto es, lo que la historia nos ha dejado. En el próximo capítulo hablaré de los peregrinos, tanto nobles como vasallos, desde sus orígenes hasta nuestros días, y más adelante si me lo permitís, os hablare y describiré todos los Camino de Santiago, desde la historia y hasta nuestros días.
