Corría el año 2001, tenía 13 años, me encantaba el deporte, entrar poco en casa y disfrutar con mis amigas. Llevaba ya desde hace años sintiendo algo dentro, que me oprimía el pecho, a veces quizás una sensación de ahogo, necesitaba sacarlo, pero no sabía cómo hacerlo, ni a quien decírselo. No sabía cómo se lo iban a tomar, igual era una idea descabellada el hecho de contarlo a esa edad, pero no podía más. Pasaron días hasta que me decidí, continuaba con mi vida como siempre, hasta que llegó el momento en el que confié tanto en alguien, que pensé que nunca iba a defraudarme. Le conté el mayor secreto de mi vida que a día de hoy es un secreto a voces. La noticia la dejó estupefacta, fue como un boom, el cual no se esperaba. Me prometió que esto quedaba entre ella y yo, pero al día siguiente empecé a sentirme muy extraña. Me sentía observada, algunas personas muy frías conmigo y ya no sé si era obsesión por el arrepentimiento de haber contado mi secreto o porque ella no cumplió su palabra. En efecto horas después, me enteré de que me había fallado, fue tal decepción que rompí a llorar. Era demasiado joven para tragarme todo lo que llegaron a decirme, me insultaron, me apartaron… Nadie me mostró su apoyo, excepto una persona, la cual estuvo a mi lado en todo momento, y gracias a dios a día de hoy sigo conservando una gran amistad con ella. Lo pasé fatal, me planteé contárselo a mis padres, pero tenía miedo, después de tal y como me trataron los que creía que eran mis amigos, estaba asustada. No tenía ganas de nada porque sabía que en muy poco tiempo mi secreto iba a ser como una pandemia, se iba a propagar fugazmente, estaba aterrorizada, iba al instituto y hacía creer que todo me daba igual, pero tenía miedo de que alguien me soltara algún comentario. Fijaros el daño que te puede llegar a causar una sola persona cuando te traiciona. 5 días después de lo sucedido, no aguanté más y opté por contárselo a mi madre, le dije que tenía que hablar con ella, no sabía por dónde empezar, no sabía si lo que me sucedía era bueno o malo, ya me habían hecho dudar a pesar de haberlo tenido tan claro siempre. Mi madre me recibió con una sonrisa sin esperarse de lo que se iba a enterar esa misma tarde, le conté lo que había, llorando por lo mal que lo estaba pasando y ella reaccionó con gran lealtad, “soy tu madre y no voy a darte la espalda”, esas palabras las tengo grabadas en el corazón. Me dijo que yo era así y punto, al que no le guste que no mire. Tener el apoyo de mi madre desde un primer momento es lo mejor que me ha podido regalar la vida. Cuadrilla con la que iba, cuadrilla que me humillaba, excepto mi gran mejor amiga a la que sigo conservando como ya he mencionado antes. Pasaron los años y llegó un día que ya todo me daba igual, lo que no me mató, me hizo más fuerte, de muchos errores aprendí, me di cuenta que no debía arrepentirme por haber confiado en quien me traicionó, porque así vi quien merecía la pena y quién no. Llegó el día en el que la gente me preguntaba y yo ya no negaba nada, para que seguir ocultando algo que soy, me conciencié de que no debía avergonzarme. Así fue, en un arrebato me decidí a publicarlo en fotolog, que en sus días era la red social que más se utilizaba, y bueno, ¿por qué no?, decidí desahogarme ahí… me quedé tan agusto después de lo que escribí, que no lo sabe nadie. Recibí todo comentario de apoyo, animo, que era muy valiente, ya que estos temas en un pueblo, dan mucho que hablar, pero a mí me daba igual, yo me sentía la persona más feliz del mundo. La sensación de salir de casa, ir por la calle, que la gente te mire, y darte todo igual, soy así y no voy a esconderlo. Quizás actué tarde, pero más vale tarde que nunca. He vivido buenas y malas experiencias, las cuales no olvidaré nunca, porque son parte de mi vida. Tengo montón de amigos y amigas, mi madre, padre y hermano me apoyan, tengo pareja… ¿qué más puedo pedir? Hay muchas personas que todavía no lo entienden, me dan lástima y pena, que sigan con esa mente retrógrada de no aceptar a los demás por creer que somos diferentes, no, no lo somos, los diferentes son ellos, que nos tratan con desigualdad, nos excluyen de la sociedad. Acabemos con esto. En el pasado fui yo, en el presente podéis ser vosotros, pero en el futuro, podrán ser vuestros hijos.
