
¿Te has imaginado alguna vez como habría sido tu vida, si hubieras nacido sin el sentido de la vista? Yo lo he imaginado muchas veces, pero jamás había podido hacerme a la idea con sólamente pensarlo.
Pero esta semana he podido ir más allá y vivirlo de cerca con una persona invidente. Pasé cinco horas con ella, de las cuales tres, llevé una venda en los ojos, para saber que se sentía.
Está claro que para nada es lo mismo, ya que esta persona nació sin visión y lleva toda su vida sin ver absolútamente nada. Ha sido una experiencia increíble. Después de esas tres horas con la venda alrededor de mis ojos, doblando ropa, intentando cocinar, fregando platos y aprendiendo un poquito de braille, me desaté el nudo, me quité la venda y sentí un gran alivio, alivio porque yo sí podía liberar mis ojos de la eterna oscuridad.
Tras horas y horas de conversación, he aprendido mucho de ella, le comenté que si yo me quedara ciega, no podría ser ni la mitad de fuerte de lo que ella es, y me contestó que con el tiempo debes acostumbrarte, ya que no te queda otra, porque yo he podido verlo todo y sé qué forma tienen las cosas sin necesidad de tocarlas.
Cuenta que también ha tenido sus temporadas, en las que se ha sentido bastante decaída, ya que siempre tendrá esa incertidumbre de ver cómo es todo lo que toca o le rodea, pero a veces es mejor tener los ojos cerrados, sobre todo para sentir, explica ella. Es increíble lo desarrollados que tiene el oído y el olfato, lo más curioso de todo, es su gran afición a la repostería, prepara unos postres deliciosos. Cada armario tiene un signo para saber que es lo que contiene y poder llevar a cabo sus quehaceres.
También dice que nunca ha querido ayuda diaria, no ha querido ser una carga, ni que otros dejaran de hacer sus labores por atenderla a ella, sólamente para ir a pasear, hacer la compra... Está a la espera de que le den un perro guía, para terminar de llevar su vida ella sola.
Cuando me iba explicando todo esto, llegué a emocionarme, no solo por su historia, sino por sus ganas e ilusión de vivir, por seguir hacia adelante y continuar igual de feliz que hasta ahora.
Después de estas cinco horas en su compañía, me ha quedado claro que por mucho que tengamos abiertos los ojos, no conseguimos verlo todo, también hace falta una buena mente para visualizar y un gran corazón para sentir.
