Opiniones

Alba Pardo. Querida infancia

Querida infancia, hoy me he despertado pensando en ti, en aquellos increíbles momentos que pasamos tú y yo. Cada día era igual a la vez que distinto, cuando mi madre entraba cada mañana para despertarnos a mi y a mi hermano, porque tocaba ir al colegio, nos elegía la ropa, nos preparaba el desayuno, nos metía el almuerzo en la mochila e íbamos a clase con una gran sonrisa, cosa que a día de hoy pocas personas van sonrientes a clase. Era llegar al colegio, encontrarme con mis compañeros y pasar un buen rato a la vez que aprendíamos. Siempre deseando que llegara el recreo para jugar a cualquier cosa y seguídamente que llegara la hora de ir a comer, salir y que mi madre nos estuviera esperando a la salida para irnos a comer juntos. Por la tarde vuelta al cole, un par de horas de aprendizaje y correr para llegar al rincón donde estaba mi madre con sus amigas, esperándome con un buen bocadillo de nocilla. El tiempo libre en mi infancia y en el que supongo que en la de todos los de mi época y anteriores, la única preocupación que teníamos era decidir a que íbamos a jugar, no necesitábamos ni videoconsolas, móviles, ordenadores etcétera. Éramos felices con nada, jugar al típico pilla pilla, pi diez, al escondite o improvisar con cualquier cosa, como hacer casetas en el campo, lanzarnos por cuestas con monopatines, jugar con barro, buscar lombrices o en las típicas noches de verano ponernos a jugar con los bichitos que los tocabas y se convertían en bola. Creo que son todo buenos recuerdos los que conservo, fabricarnos tirachinas para matar dragones, todas esas tardes bañándonos en el río, las típicas tardes de piscina. No olvidaré los domingos de ir a misa, y tener que hacer de monaguillo para ganarme cien pesetas y después ir a repartir la parroquia con mi abuela, que tiempos, que con cincuenta pesetas que me dieran no necesitaba más. Es obvio que mi infancia también está llena de travesuras, ¿quién no las ha hecho?. Desobedecer cuando te ponían hora para llegar a casa, volverte rebelde porque no te gustaba la comida que tocaba, estar en desacuerdo con la ropa que escogía mi madre, las típicas discusiones de hermanos que siempre ganaba la pequeña o sea yo.  Es bonito recordar de vez en cuando tus raices, seas de ciudad y vayas a un pueblo o seas diréctamente de un pueblo, la de libertades de las que disfrutas.  Como ha cambiado todo desde aquella época, todo tecnología sin la que ahora no podemos vivir y con miles de preocupaciones que antes ni siquiera teníamos. Ahora todo se ha vuelto más material y ya no fluye la imaginación de la que hemos gozado muchos, antes. Y a ti, ¿te gustaría volver por un día a tu infancia?

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