
¿Qué más da ser niño, adolescente, ser adulto o anciano? Todos tenemos derecho a soñar...
¿Qué sería de nosotros sin los sueños? Esos sueños inalcanzables, difíciles, proyectos que toda persona tiene en sus mentes, que les persiguen a cada momento porque saben que quizás nunca los tendrán... Pero que sin ellos nuestra existencia sería todavía más difícil, más cruel, más dura... gracias a ellos nos evadimos por momentos de esa realidad abrumadora a la que estamos sometidos constantemente... Qué seríamos sin ellos.
Los tiempos que corren y la situación en que vivimos son una perfecta ocasión para soñar. Soñar todavía más y dejar que surjan esperanzas, positivismos, cambios que luego pueden o no cumplirse, pero ahí están a nuestra entera disposición para disfrutar de ellos aunque sea de una manera imaginaria y soñadora.
Para ello nos ayudan personajes míticos como Papá Noel, los Reyes Magos... a los que los niños incansablemente escriben cartas sin esperar una respuesta y convencidísimos de que ellas han llegado al Lejano Oriente y que en esa noche mágica pararán en su casa para dejar su ansiado regalo.
Pues bien, a todos nos aflora el lado infantil del que nos es imposible deshacernos, a cada uno de una forma. A los padres ayudando a sus hijos a escribir esa carta (recordando cuando ellos lo hacían). A la hermana ayudando al hermano a elegir su regalo. A la amiga opinando sobre su elección....
¿Por qué va a ser infantil escribir una carta con tus logros sobre el año vivido, con tus desdichas, con tus ilusiones, con tus promesas sobre el futuro y con tus deseos para el año que te espera?
Amigos, soñar no cuesta nada y lo mas importante, es gratis.
Este año, a pesar de la situación tan complicada que nos está tocando vivir, he pensado que iba a olvidarme de los apuros por los que todos estamos pasando para dejarme llevar, hacer que sueñe con cosas preciosas que me gustaría sentir... que me darían la confianza suficiente para romper con lo que me gusta y perseguir mis sueños. He pensado que la vida ya es lo suficientemente complicada como para dejar que el mal humor o los problemas me agobien desde que me levanto hasta que me acuesto... Así que he pensado que este año sí voy a escribir las cosas preciosas con las que sueño cada noche y que me hacen vivir en un mundo maravilloso en el que solo hay que preocuparse de ser feliz.
