
La lucha continúa
A menudo dejamos pasar las horas, días, meses y años, como si de una condena se tratase, sin pararnos apenas un minuto a observar nuestro alrededor, y así agotamos nuestra vida, hasta que en momento dado, un suceso aislado, nos despierta del letargo y nos pone frente a un problema que a partir de ese momento nos pasa a ser capital.
Mi revelación se produjo el día en el que me dijeron que mi “princesa”, la pequeña de la casa, tenía un tumor en el bazo, y que no había solución.
Apenas 48 horas más tarde fallecía, en aquel momento tenía apoyada mi cabeza en ella, y no conseguía parar de llorar.
Ese mismo día me hice una promesa, luchar en la medida de mis posibilidades, contra esa lacra que atormenta a la sociedad actual, el cáncer.
Poco me hacía presagiar, que apenas un año y medio más tarde, el cáncer me golpearía de nuevo, y me arrebataría otro trocito de corazón.
Generalmente esta lacra afecta, tanto a hombres como a mujeres, pero chicos, me vais a permitir que me centre en ellas y que piense mientras escribo en una de las personas que conozco y que lo superó, Carmen.
Y es que, cada vez, la palabra cáncer va helándonos menos la sangre, ya que se supera, y se puede hacer con la ayuda de familiares y amigos y el esfuerzo faraónico del enfermo.
Un abrazo, unas buenas palabras, un hombro en el que apoyarse, es lo que necesitan de los que estamos a su alrededor, y no digo que campañas virales como las que se producen en internet no funcionen, pero podemos hacer algo más.
¿Quién sabe si la persona que ha de aislar las células cancerígenas y así que la palabra cáncer sea apenas un sueño del pasado, no está trabajando en un “Fast Food” con un contrato precario, para poder hacer frente a las tasas de la universidad?, ¿quién sabe si ese héroe, no ha abandonado ya los estudios por falta de capacidad económica para hacerlo?
Exijamos una financiación acorde al problema que nos ocupa, y condenemos el abandono que las instituciones provocan en los centros de investigación.
Para finalizar, mis recuerdos y mensajes de cariño para tod@s los que consiguieron ganar esa batalla y también para los familiares de los que no lo consiguieron.
A los que estéis inmersos en esa batalla, y os veáis extraños o incluso no os gustéis, debido a los efectos de la quimioterapia, no olvides nunca que no hay nada más hermoso ni persona más bonita en el mundo que aquella que lucha por sobrevivir.
