
Descanso vacacional
A veces pensamos que el ideal de una buenas vacaciones es perdernos en lugares exóticos en los que poder hacer centenares de fotos y contar miles de anécdotas a familiares y amigos. Yo abogo por el descanso, llevo todo el verano en mi pueblecito bueno, Belmonte de San José. Hace tiempo que no me sentía tan tranquila y eso que todavía no he cumplido todos mis propósitos, ya que lo de salir a andar una hora u hora y media he de reconocer que lo dejo siempre para mañana. Ya sé que no se puede vivir incomunicada pero mi mente ha descansado sin ver casi la televisión, soy consciente de que no puedo atajar todos los males del mundo y me afecta ver como nos autodestruimos en un eslogan de “todo vale por la pasta”. Es muy atrayente dejar perder la mente, fundirte con el paisaje y pasear por el pueblo con la sonrisa permanente saludando a los vecinos.
Se espera la llegada de los amigos, que poco a poco acuden a pasar unos días de vacaciones o las fiestas del pueblo, son días de cenas, risas y bailes. Se deja atrás todo lo que nos desune, la política en especial y es mucho mejor porque cada uno sacamos nuestro lado cómico para llenar las veladas.
La hora de la siesta en los pueblos sigue siendo sagrada y sólo se oye a la cigarra que no entiende de silencios. Las noches, las noches son fresquitas, dejas abiertas las ventanas y puedes dormir toda la noche tapada, eso no la pagas ni con la mastercard.
No es por daros envidia, pero muchas veces buscamos fuera lo que tenemos muy cerca y a nuestro alcance. Yo soy de los privilegiados que tengo casa en algún pueblo, en los que mis hijas han pasado su infancia, han hecho buenos amigos y hoy me siguen acompañando en el veraneo porque aquí son felices. Y si en lugar de descanso buscas actividad, también la encuentras, en casi todos los pueblos funcionan muy bien las asociaciones culturales que en verano trabajan frenéticamente realizando talleres, concursos, juegos para todas la edades, personas que de forma gratuita se implican para que sus vecinos disfruten de la estancia en el pueblo.
Hoy me toca hacer las maletas, pero no creáis, sólo cambio de pueblecito bueno, me voy a La Cerollera, que el viernes comienzan las fiestas patronales. He dicho descanso, bueno he hecho un poco de todo, hasta me he apuntado a un taller de fofuchas y el resultado no ha estado mal.
Aún no ha acabado el verano ni las vacaciones para mi, me quedan unos días para disfrutar de los amigos, familiares y desconocidos que se acercan a visitar mis pueblecitos buenos.
