
Mi pueblecito bueno
Todavía me dura el sabor dulzón que produce el éxito. Ese éxito que no necesita reconocimiento ni halagos. El éxito del trabajo en equipo. Parecía casi imposible que en tres meses y medio se pudiese conseguir. Desde mediados de enero que se compró la primera tela hasta el 19 de abril que culminó el proyecto, ha sido un ir y venir de ideas, guiones, banderines, telas, trajes...
No importaba quién fueses, sólo si se tenía ganas de trabajar y, lo más importante, sin remunerar. Dedicar horas y trabajo a un proyecto en común, para que otras personas puedan disfrutar y sin pedir nada a cambio. Parece una película de ficción.
Cuando desconectas la cabeza de las ideologías y políticas, el que tienes delante es un ser como tú, no un diablo con rabo al ser contrario a lo que tu piensas.
Pero me alegra ver que es posible trabajar todos juntos, sin roces ni fricciones, sin ganadores ni vencidos.
Cuando ya había casi perdido la fe en la sociedad, sí en nosotros, porque el mal sólo lo vemos en los de arriba, pero si existe arriba es porque abajo estamos igual y por eso los dejamos. Pues eso, cuando ya había perdido la fe aparece el proyecto de que este año los medievales de Belmonte los hiciésemos los vecinos del pueblo y ha sido toda una experiencia maravillosa.
Desde las manos que han tejido con ilusión cada banderín hasta los que a última hora se han aprendido corriendo una líneas del texto ha sido una alegría contagiosa, que una ha llegado a pensar si un virus había atacado al pueblo.
Por eso quiero darles las gracias a todos por dejarme participar, por ser una más del pueblo aunque no tenga lazos de consaguinidad pero sí de amor por Belmonte.
Y al año que viene os invito a todos a que nos visitéis porque si este año ha sido una fiesta de alegría, danzas, recreaciones históricas, comedias, artesanos y mercado... el año que viene está lleno de proyectos nuevos, con los que ya vamos a empezar a trabajar. Que no decaiga la fiesta.
