¿Llegó el verano? ¡¡¡Ya!!! ¡Pero si no he perdido los cinco kilos que me sobran! Aún estoy con la dieta que voy a hacer, el listado de dietas es tan largo que llevo meses para descubrir si hago la dieta Dunkan, la dieta de bajar barriga, la dieta del grupo sanguíneo, la dieta de los 40 años… Todo ese trabajo lleva un tiempo y ya llegó el verano y yo sin mi cuerpo Danone. Encima, ya no vale hacer sólo dieta, tiene que ir acompañada por un montón de maquinas y tratamientos a 250 euros la sesión, sólo asequibles para algunos bolsillos. Y te miras de reojo en el espejo y te dices ¡pues no estoy tan mal! Y aquí llega tu amada hija, esa que has criado con tanto cariño, y te suelta “no pensarás salir así a la calle”. Te vuelves a mirar al espejo y descubres los botones a punto de explotar, un embarazo cuatromesino si te miras de perfil y te acaricias la barriga en un acto reflejo (tus gases lo deben de agradecer). Y te dices muy seria “de mañana no pasa, mañana empiezo el régimen, el ejercicio…” Pero… te tomas tu café y el croissante te mira con ese amor que solo los años de convivencia hacen posible y el primer día eres fuerte y lo dejas, pero el segundo o no te tomas el café o te lo pides y lo saboreas como si fuese lo más sabroso del mundo.
¡Así no hay quien baje ni un kilo! Decides cambiar de estrategia y te castigas a no comprarte ropa hasta que no bajes kilos o te la compras más pequeña para animarte a no comer. Mi armario está casi vacío y lo nuevo lleva la etiqueta desde hace dos meses.
Lo mejor es ponerse el bikini o bañador del año pasado (si las gomas han aguantado), irse a la piscina y descubrir que lo que estás mirando en la revista no existe y todos los cuerpos están como el tuyo. Que esas series en que mujeres delgadísimas están comiendo todo el día son mentira, que las modelos de las revistas de cremas antiarrugas tienen 20 años y que el photoshop fue un invento para que las modelos trabajen más años y nosotras nos hundamos en la miseria.
Así que por mucho que se empeñen en que esté todo el día enfadada con noticias catastróficas, enfermedades y epidemias que aparecen y desaparecen de los medios de comunicación, políticos corruptos, tallas XS… este verano me voy a ir de rebajas, me compraré ropa de mi talla, bajaré a la piscina a unirme al club de las mujeres reales y a mitad de tarde saborearé un helado doble de chocolate y el mundo será más bello en esos instantes. Como dice un amigo mío ¡menos mal que las mujeres son como son y no como les gustaría ser!
