Opiniones

Ana Mª Andreu. Los dioses del Olimpo

Hemos pasado de la mitología griega en la que en la cima del Olimpo, Zeus, Hera, Poseidón, Ares, Hermes, etc. velaban o castigaban a los ciudadanos. Ahora los que dirigen nuestro destino premio-castigo son los Mercados, bolsas, cotizaciones, índices, cartera de valores, Banco Central Europeo, Banco de España, Agencias financieras, etc.
Ya no tememos a los truenos, tememos a la factura de la luz, agua, teféfono que cada mes llama a nuestra puerta. Miramos las noticias suplicando a nuestros nuevos dioses que no suban los intereses para poder seguir pagando la hipoteca.
Seguimos viviendo con miedo y como nuestros antiguos congéneres suplicamos para que esos entes que no se nos muestran no destruyan nuestro modo de vida.
Tanto Rubalcaba como Rajoy nos piden que les votemos porque tienen las claves para sacarnos de esta crisis, pero según las noticias ellos no rigen nuestro destino, nuestro destino lo dirige esos nuevos dioses a los que estos terrestres, que llevan cuatro años sin hacer nada por sacarnos de la crisis, les deben pleitesía y adoración.
Nos han inculcado que con una televisón y un coche  más grande somos más felices, que nuestros hijos necesitan tener de todo, ofreciéndonos préstamos y créditos a corto y largo plazo. Y nosotros simples mortales confiando en los medios de comunicación y nuestros políticos  hemos comprado, comprado  todo lo servible e inservible.
Y ahora que nos quieren castigar por nuestras malas acciones nos volvemos locos buscando culpables, pues culpables somos todos: mercados, bancos, políticos y también ciudadanos. Los ciudadanos por creernos todo y en una inmensa mayoría, lamentablemente, no querer castigar a los dos grandes partidos por su corrupción y su mala gestión, “porque ellos en su lugar harían lo mismo”. Los dos partidos nos han engañado y robado a todos, si realmente queremos cambiar algo deberemos buscar partidos o asociaciones que defiandan nuestros valores y que busquen la transparencia en las organizaciones administrativas y no la destrucción del sistema de bienestar.      

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