Opiniones

Carmen Pérez

No habrá paz para los malvados

Estaba la otra tarde navegando por las redes sociales, como suelo hacer con bastante frecuencia, cuando apareció la noticia del asesinato de la Presidenta de la Diputación de León. Reconozco que cuando ví la noticia por vez primera, creí que era una película.

Cuando la información se fue definiendo más, me quedé estupefacta al constatar que era un hecho cierto: alguien, al parecer dos mujeres, habían matado de varios tiros a Isabel Carrasco. Tremendo.

Y condenable. Muy condenable. Nadie, sea quien sea, se merece morir así.

Los comentarios por todas las redes sociales no se hicieron esperar. Desde un “ajuste de cuentas de la mafia pepera” hasta un “quien siembra vientos, recoje tempestades”, que ha costado la dimisión a una concejal de Vilagarcía de Arosa (Pontevedra).

Sin embargo, parece ser que las autoras son una madre y una hija, motivada la primera por un supuesto maltrato al que fue sometida la segunda por parte de la víctima. Paradójico: de verdugo a víctima y la sentida víctima, verdugo que cargará, el resto de su vida, con las consecuencias de sus actos. Ése no es el camino.

Pero claro, esto ocurre en un país en el que, definitivamente, la justicia no es igual para todos.

¿A quién no le ha pasado por la cabeza hacer algo así alguna vez? ¿Quién no ha pensado en coger una pistola y encararse con aquel que le hace la vida imposible? Claro que nadie lo reconoce; a nadie le gusta pasar por psicópata.

No, realmente no es ése el camino, pero también es verdad que la justicia y la sociedad actual no ofrecen vías de solución a aquellos que están sufriendo violencia, ya sea acoso laboral, bulling, violencia doméstica, …

En la mayoría de los casos, es la víctima la que calla y oculta. Nadie se merece morir, por muy acosador que sea. Pero tampoco nadie se merece vivir bajo la negra capa de la violencia.

Dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar. ¿Será verdad? ¿O sólo es un burdo consuelo?

 

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