Opiniones

Carmen Pérez

Sin derecho a decidir

La nueva ley de protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada (la llamada ley del aborto) es más restrictiva que la de 1985, ya que sólo permite la interrupción del embarazo en caso de violación, siempre y cuando haya denuncia, o de riesgo para la salud de la madre, eliminando el supuesto de malformación del feto.

No obstante, en el caso de malformación fetal, deja un resquicio al aludir a la salud psíquica de la madre por tal motivo, permitiendo el aborto hasta la semana 22 siempre que exista un informe realizado por dos médicos distintos y de diferente centro sanitario a aquel que lleve a cabo el aborto. Aún en ese caso, la mujer deberá respetar un plazo de siete días de reflexión antes de someterse a la intervención.

Supuestos, suposiciones, valoraciones, consideraciones, inconvenientes, plazos, reflexión, … Cuántos condicionantes para una decisión que debería ser única y privada de la madre y del padre del feto. Siete días de reflexión, francamente, me suenan a equivalencia a “pobre mujer que fíjate la que se le viene encima pero aún así le damos más tiempo para valorar qué quiere hacer”.

¿Realmente un puñado de políticos tiene derecho a juzgar una situación de ese tipo?

Consideren, por unos momentos, el calvario personal que pasa una mujer violada. Intenten imaginar la humillación, el dolor, el miedo, …

Piensen, ahora, la ilusión de una mujer que se queda embarazada y a la que se la nublan al comunicarle que ese embarazo pone en peligro su propia vida, que no va a poder conocer y criar a su hijo.

Sopesen,  aunque sea brevemente, el impacto que le causa a unos futuros padres un diagnóstico, bien en una ecografía, bien en un análisis rutinario de embarazo, en el que se descubre que el futuro bebé viene con malformaciones.

Y ahora hay una ley que resulta que establece plazos, regula y condiciona el aborto al que pueda decidir someterse cada una de estas futuras madres.

Sinceramente, no me parece necesaria. Ya es bastante terrible el drama de cualquier mujer que tiene que llegar a plantearse un aborto como para que haya quien pretenda regularlo y, más aún, provocar buscar la justificación de la futura madre en torno a una cuestión que debería ser única, privativa y muy íntima de la mujer que se ve en un momento así.

 

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