
El poder de la gente
Hay trances en la vida que te marcan para siempre, de diferentes maneras. Afortunadamente, a veces para bien, porque aunque en ocasiones sean trances duros, te hacen ver que siempre hay al lado una mano amiga que se tiende hacia ti y te ofrece apoyo cuando más lo necesitas.
Ese apoyo hace que sientas el corazón calentito y el alma ligera. Y te entibia el ánimo cada vez que piensas en él.
Si bien por suerte no he tenido que pasar por ningún duro trance en los últimos meses, no se puede decir lo mismo de los vecinos de la Carretera de Zaragoza, en Alcañiz.
Se me encoge el alma sólo de pensar el miedo y la angustia que debieron pasar. Las redes sociales hicieron que muchos de nosotros siguiésemos los acontecimientos casi en directo, desde las seis de la tarde del pasado viernes.
Pero los que más respeto, admiración y consideración merecen son aquellos que salieron rápidamente a la calle a echar una mano de cualquier forma posible. Como el padre y el hijo que rápidamente acudieron a la residencia de ancianos a ayudar con su desalojo. Como todos los vecinos que no se lo pensaron dos veces y a pesar del peligro evidente, se armaron de mangueras y cubos de agua para afrentarlo. O como personal de los cuerpos de seguridad que aun estando de vacaciones, acudieron rápidamente al lugar para sumarse al esfuerzo de los efectivos que luchaban contra lo que podría haber sido una tremenda tragedia.
Gracias a todos ellos, se quedó en “podría”. Y me emociona ver esa respuesta en masa. Me conmueve pensar que todavía quedan personas con nobles intenciones y solidaridad desinteresada.
Pero también me indigna ver qué rápidamente se propagó la hipótesis de que todo se debía a una quema “irresponsable” de rastrojos. Incluso antes de la preceptiva investigación pericial, ya se culpaba de lo sucedido, y aún más de lo que hubiera podido suceder, a un anónimo imprudente.
Sin embargo, después de todo parece ser que este anónimo tenía forma de cables de tendido eléctrico, pues todo apunta a que se trató de un cortocircuito combinado con fuertes rachas de viento y altas temperaturas estivales.
Y como también queda todavía gente de esa que primero dispara y luego pregunta, el veredicto se cerró rápidamente. ¿Por qué? ¿Quién puede decir de primera mano que vio a ese supuesto culpable hacer esa quema? ¿Tan irremisible era señalarlo? ¿Es que hacerlo revertiría lo sucedido? ¿O es que somos jueces ponderables para emitir juicios basados en rumores?
Mi particular lo siento para este anónimo e inexistente responsable; mi censura para esos que se dedicaron a diseminar rumores infundados. Y mi más sentida admiración y la más grande ovación para todos aquellos que consiguieron evitar que un trance se convirtiese en catástrofe.
