
Los ladrones de Locksley
Esta mañana estaba leyendo, en varios periódicos locales, la noticia de un robo en Torrecilla de Alcañiz. Según parece, unos ladrones muy ruidosos se han llevado, con nocturnidad y alevosía, la máquina recreativa de un bar de la localidad.
Es muy lamentable que ocurran estas cosas. Primero porque, como dirían las abuelas, “eso no se hace”. Segundo porque resulta realmente ridículo que por el dinero que hayan podido sacarle a la máquina, hayan dejado tras su paso semejante destrozo y semejantes consecuencias para los dueños del establecimiento.
Y aún así nos alegraremos de que no haya sido mayor la magnitud de los daños. Me indignan mucho estas cosas. Me indigna que haya gente que, muy honradamente, trate de sacar adelante un medio de vida para que lleguen unos descerebrados y cometan estos sinsentidos.
A riesgo de cometer yo misma aún otro sinsentido, aunque no de esas características, no lo vayan a pensar, quisiera compartir algo que, sin mala intención, me ha dado que pensar después de leer la noticia.
He pensado que me gustaría poder decir a estos vándalos que, si se ven en la tesitura de no poder detener su instinto destrozador, lo dirigieran contra otras propiedades en las que, proporcionalmente, los daños causados fueran mucho más asumibles. ¿Serían así, quizá, algún tipo de “ladrón de Locksley”? ¿Algo similar a un Robin Hood de los ladrones, en versión delincuente, por supuesto?
Cierto es que no es procedente llevar a cabo este tipo de acciones, en ningún caso, pero duele pensar que los que las sufren suelen ser, en la mayoría de los casos, los que peor las pueden asumir.
