Opiniones

Carmen Pérez

El Legado de Tibu

Circula por la red un “reto” por el cual aquellos que son nominados deben, en un plazo de 48 horas, bañarse con agua fría, mejor si es disfrazados. De lo contrario, se verán obligados a pagar una opulenta cena a aquel que los ha retado. Y, a su vez, deben nominar a otras tres personas con esas mismas condiciones.

Se ha extendido como la pólvora por las redes sociales. Si bien el origen de esta práctica se centra en Estados Unidos, con un fin distinto, puesto que el chapuzón debía ir acompañado de una donación para que los padres de un niño enfermo de cáncer pudieran hacer frente a su tratamiento, en España ha conseguido que miles de personas se lancen al agua para disfrute y diversión de amigos y conocidos.

Existe otra variante, más “inocente” en principio, que consiste en publicar, en determinada red social, una o varias fotografías de la infancia. Sería una inocente forma de recordar tiernos tiempos, si no fuera porque realmente no somos conscientes de dónde pueden acabar esas fotografías o el uso que podría llegar a hacerse de ellas.

Vivimos en un mundo corrupto, podrido incluso en muchos casos. Defendemos a capa y espada nuestra privacidad, peleamos con la Ley de Protección de Datos como espada y escudo, quejándonos del spam, de la publicidad indeseada y de las ofertas no solicitadas que nos llegan por todas partes.

Y, a la vez, no nos importa contar nuestra vida en las redes sociales. Publicamos experiencias, fotos y pensamientos con regocijo y facilidad, creyendo que compartimos con nuestros “amigos” nuestras alegrías y nuestras penas. Incluso podemos llegar a tener más de doscientos amigos en esa red social.
Pero ¿sabemos exactamente quiénes son esos amigos? ¿Y hasta quién puede llegar cualquiera de esas cosas que publicamos?

Esa parte podrida de la sociedad sigue estando ahí. Y puede verlo. Sí, puede verlo. En el mundo hay gente mala, con oscuras intenciones. ¿Se habían parado a pensar, antes de subir la correspondiente foto de su más tierna infancia, en que podría llegar a manos de un pederasta? No, claro que no.

¿Creen que los filtros de privacidad que ofrece la red social les protegen? Pues dejen de creerlo. Hay mil maneras de acceder a esas fotografías. En el momento en que suben una foto a la red, la imagen deja de pertenecerles. Está vendida. Puede llegarle a cualquiera, que la use para cosas que ni siquiera quieran saber.
¿A que ya no es tan divertido?

 

Compartir

Otros artículos de opinión

Image