
Cuánta parte me toca
Más de una vez he creído que cuando un equipo de fútbol, de los grandes, gana un título, lo reparte entre aquellos de su afición que demuestran ser su mayores seguidores. Porque si no es así, hay muchas cosas relativas a este deporte que yo, personalmente, no entiendo.
Debe ser eso, que cuando cobran esas primas astronómicas por traerse el trofeo de turno, después las comparten. Tiene que ser así.
Porque resulta que ahora que empieza el mundial, los jugadores seleccionados se llevarían 60.000 € por pasar la fase de grupos, 90.000 por pasar de cuartos, 180.000 € por llegar a semifinales, 360.000 € si consiguen ser finalistas y hasta 720.000 € por cabeza en el fantástico supuesto de ser campeones.
Y resulta que hay gente que se gasta hasta lo que no tiene o no va a llegar a tener por seguir a estos jugadores allá donde vayan. Que me lo expliquen.
Que me expliquen como alguien que está cobrando una prestación por desempleo o, más difícil aún, un subsidio por agotamiento de esa prestación, puede viajar hasta Brasil o el país de turno para estar en el quinto pino de las gradas de un estadio simplemente por decir, no me cabe la duda que con orgullo, que ha seguido a “la roja”.
Le dan una parte. Tiene que ser eso. Porque ir al Mundial, a cualquiera de las doce ciudades acogedoras del evento, no cuesta, ni en el mejor de los casos, menos de unos 3.500 € (daros una vuelta por www.portfolio.co, que hace unos curiosos presupuestos de este coste).
Claro que si eres uno de esos hinchas que se dejan la piel animando a “su” equipo, que los espera cuando están saliendo del autobús y los increpa animándolos, que ronda el hotel donde se alojan a ver si tiene la suerte de atisbar a alguno y gritarle lo bueno que es, …, luego debes recibir tu parte del premio.
Y es que un equipo sin afición no es nada. ¿Qué pintarían si no todos esos jugadores echando un partido por pura diversión, sin nadie que los mire? ¿De qué iban a vivir? Tal como está el panorama, si tienen que esperar que los llamen del servicio público de empleo, van listos.
Puede que me plantee formar parte de esa afición. No debe ser mal trabajo: viajar de aquí para allá y, sobre todo, cuidarse mucho la garganta para gritar a pleno pulmón en los momentos indicados.
Después no sé si simplemente hay que extender la mano y te lo dan o habrá que pasarles un número de cuenta (por supuesto, ése donde me cobran comisiones porque no tengo domiciliada la nómina que no cobro).
No pensar en cómo están las cosas. Sólo en fútbol. Hablar sólo de cuartos, de semifinales, de fueras de juego, de tarjetas rojas y amarillas, de faltas o de buenas jugadas. Y ser siempre el mejor, pase lo que pase. Qué bueno tiene que ser sentirse siempre el mejor. El malo siempre será el del otro equipo.
Sí, definitivamente me voy a hacer afición. ¿Cuánta parte me toca?
