
Cuarenta y ocho denuncias no fueron suficientes
Cuarenta y ocho denuncias por maltrato, acoso y amenazas de muerte no fueron suficientes para salvar la vida de Andrea, de siete años.
No lo habían sido para protegerla, ni a ella ni a su madre, quien después de once años por fin ha conseguido que se reconozca su caso.
Lo irónico es que no ha sido ningún tribunal español quien ha puesto en evidencia semejante negligencia, sino que ha sido la propia ONU, la Organización de Naciones Unidas, quien ha condenado al Estado español por no saber proteger a una niña indefensa.
Hace un par de días, escuchaba una estremecedora entrevista a Ángela González, la madre de Andrea, relatando breves esbozos de su lucha durante estos últimos once años. Se me encogía el alma ante la impotencia que debió sentir esta madre al ver que tantas denuncias, nada más y nada menos que cuarenta y ocho, no servían para nada.
Que ninguna de ellas evitó que, como ella misma decía refiriéndose a los jueces españoles, un “señor” (léase juez) emitiese una sentencia con un régimen de visitas abierto, favorable al padre, sin vigilancia.
No puedo menos que preguntarme si este “señor juez” será padre. Si este “señor juez” realmente sopesó las consecuencias de esa decisión. ¿Qué es lo que puede determinar que prevalezcan los derechos de un padre y esposo maltratador sobre los derechos de una niña inocente?
Más terrible aún es, en el año 2011, que el Tribunal Constitucional no viera “anormalidad jurídica” en haber concedido este régimen de visitas al padre de la niña. ¿Cuántas denuncias más hacían falta?
¿Es que hay un baremo numérico que lo determine?
Huelga decir que algo falla. Es más que evidente.
Es tremendo que tenga que ser una organización internacional de derechos humanos, en este caso Women's Link Worldwide, la que realmente haya escuchado a Ángela González cuando la justicia española no lo ha hecho. Esa justicia (que se supone “igual para todos”) no lo fue con Ángela. Peor aún, no lo fue con Andrea. Y eso, a desde hace once años, ya no tiene vuelta atrás.
Es tremendamente dramático pensar que aunque se haya reconocido el caso y se haya condenado a España por negligencia (poco que parece), nada va a traer de vuelta a Andrea.
Pero es peor aún saber que Andrea no fue ni será la única. Que en una sociedad en que el maltrato a las mujeres es una lacra y donde las administraciones públicas resaltan, a través de numerosas campañas mediáticas, que lo más importante es que se denuncien esas situaciones, cuarenta y ocho denuncias no fueron suficientes.
